viernes, marzo 27, 2015

amesetado

¿Qué será más productivo, escribir colgado, con varios litros encima o después de una resaca?
Para los de ínfulas literarias, cualquiera de las tres opciones estaría bien. Para un simple mortal que transita los efectos de una gripe ordinaria, fiebre incluida, el resultado es menos elocuente.
Y esa percepción de amesetamiento (modo rebuscado para simular una meseta o vaya saber por qué tantas diferencias geográficas un estanque), uno la recorre siempre simulando un amor propio que ayuda muy poco.
Por momentos, cuando la rutina ya consolidó su pulso diario, tengo la percepción de no saber si podré terminar de leer un libro.
O disfrutar tranquilo de una peli de esas de cine independiente.
O que volverá a pintar más con esa inconmensurable intensidad, uno de esos viajes que ayudan a sacar mi nada de lo previsible.
Esa es la meseta. La vista pidiendo lentes de aumento. El trabajo, ratificando su sueldo miseria, la amistad a la espera de acallar el nos vemos pronto, los hijos...los hijos y sus certidumbres, exponiendo las limitaciones de uno como padre.
¿Y el amor? El amor, decía un sabio, es una mujer gorda. Pero aquella metáfora de Agresti, quedó anclada en un pasado que se me hace lejano como para descifrar qué quería decirnos

.
Meseta: tanto wiki como la RAE, coinciden más o menos en su definición.
Para la primera:  En geografía, una meseta es una planicie extensa situada a una determinada altitud sobre el nivel del mar (más de 500m) provocada por fuerzas tectónicas, por erosión del terreno circundante, o por el emergimiento de una meseta submarina. También se genera por la convergencia de las placas tectónicas.
Según la Real Academia Española, 1. f. Planicie extensa situada a considerable altura sobre el nivel del mar.
2. f. Porción de piso horizontal en que termina un tramo de escalera.
Acaso la de la escalera se ajuste más al presente de uno. Igual, aunque el momento pueda parecer descendente, siempre hay una chance para levantarse y volver a subir.