sábado, febrero 28, 2015

Sobrecarga de House of Cards III

No sé si escucho voces, pero levantarse después de una jornada ómnibus de Netflix para ver el 70 % de la serie, aún con un amague de migraña, potencia el trabajo cerebral.
Indago o mejor dicho especulo sobre situaciones, diálogos, reproches y sentimientos varios que trascienden en cada capítulo. Concluyo que es injusto minimizar a Frank y Claire colocándolos a la altura de cualquier exponente político (de estos lares o global).
En cambio, la alusión de Petrov por Putin resulta inevitable. El tipo fue hecho a la medida del imaginario yanki con una sobresaliente interpretación y una memorable velada dentro de la Casablanca que emularía a cualquier cuadro de Shakespeare en un duelo coral entre conspiraciones, competencia intelectual y olfato instintivo exquisito.
Con todo, la tercera temporada de House of Cards reencausó el timón de su endeble desarrollo en relación a lo que había dejado la segunda.
Se nota que el tiempo o, por qué no la paciencia de sus creadores, resultó más que útil al momento de darse una pausa. El tanque televisivo que trascendió formatos y fronteras, supo hacer honor a la pausa y demora, priorizando la clase del producto, por encima del oportunismo marketinero.
En cuanto a este bendito 27 de febrero, uno no puede cuanto menos que compadecer al fiel Doug Stamper y pensar que la muerte le hubiese sentado mejor antes que todo el calvario al que debe enfrentarse para sostener su lugar en la historia.
Es mentira considerar milagroso el hecho de volver de la muerte indemne.
Es más, quien retorna, no sólo parece lamentarlo si no que debe pagar una fianza imposible para continuar de este lado del planeta.
Lo de Doug resulta asfixiante y su recuperación, en el contexto de América Trabaja bien puede reubicar a cualquier sujeto cincuentón al momento de reincertarse en el mundo laboral. En principio, su experiencia lejos está de abrirle caminos y puertas. Y Frank, sólo espera una ratificación para devolverlo a la superficie.
Magnífica Claire, como siempre avanza a pasos firme y ni el más distraído puede dudar quién ocupará la presidencia durante 2016, en la ficción, por más que Underwood desee otra cosa.
Ignoro, de momento, si los autores se ubican más cerca del mundo republicano, pero supongo que los pasos de la ahora ex rubia, adquirirán una velocidad semejante a la de Hillary Clinton en su propia carrera presidencial. Sólo es cuestión de tiempo y ajustes (varios, quizás) para adivinar cuál de las dos llega primero.
Al margen de sospechar o suponer, la buena de Robin Wright se devora esta edición, sus charlas con Petrov, las discusiones con su esposo, la búsqueda de sentido (incluso enmarcándolo en un ámbito espiritual, Lamas mediante) ayudan a entender por qué algunas mujeres gélidas a la vista, fascinan más que otras verborrágicas o fálicas.
No puedo olvidar otro momento sublime y es cuando todo se vuelve en contra para ambos. Destruidos ambos, después de arrastrar su orgullo para obtener apoyo en sus respectivos intereses (el de él en el Congreso y el de ella, para convertirse en embajadora en la ONU), la escena sexual, tras el quiebre emula aquello de amalgamar pulsión sexual con pulsión de muerte.
Fantástico debate espiritual, entre la charla con el árabe amputado, el diálogo del presidente con Jesús (NdelaR: Frank se caga en el padre por segunda vez en esta etapa, meando sobre la tumba de su padre biológico y luego escupiendo al Cristo de una iglesia), mejor exposición respecto del sentido martir y moral, en relación a Claire y  Michael Corrigan, prisionero gay en Rusia, lo que deviene en una consiguiente crisis en la pareja. .
El nuevo corte y color de cabello (recurso invariable de ellas, al momento de reflejar los cambios internos en el afecto) y la renovación de los votos maritales, termina humanizándola a ella y por consiguiente a él, en una temporada donde ser despiadado parece ser si no una virtud, una actitud entendible. Si de seguir la escala ascendente se trata.
Quizás algunas frases memorables sean rescatadas en otro post.
Al momento uno sabe que al bueno de Doug, nada bueno le sucederá (insisto que no terminé de ver todos los capítulos, aunque creo que mucho no me falte), que el conflicto en Jordán termina salvaguardando "la buena voluntad de los Estados Unidos" (los otros exponentes internacionales como Rusia e Israel, resultan tanto o más crueles que el matrimonio presidencial de House) y que América Trabaja bien podría ser una encrucijada cierta para los miles de desocupados que también distinguen a la Europa de hoy.
Que sea una salida posible o mera cáscara, dependerá de Underwood y de cada gobierno que quiera implementar tal idea.
Continuará...