lunes, diciembre 08, 2014

La trampa de adelantar y deprimir los balances

A no caretearla, también se hace difícil escribir en ciertas circunstancias. Y no porque uno esté harto de laburo, ni le lluevan propuestas periodísticas de todo tipo.
Tampoco por escribir el
libro de la vida o abocarse a una investigación o un relato, que cambiará el orden de todas las cosas. No señor.
Lo que sucede, es que uno se cansa.
Y en ese agotamiento que mucho tiene de bocho y después repercute en el cuerpo, se comprende que los balances del 2014, deberían ser malos o cuanto menos, quejosos.
Porque ¿qué otra cosa puede dejarnos un año si el camino resultó más interno y las cuentas, en lo particular, nos llevaron a acotarnos?
Sí, ya sé, la mueca silenciosa del krispado, diciéndome "viste, ahí estás vos y tu Cristina", confundiéndose siempre la simbiosis de creer que idea-proyecto, sólo deben encolumnarse dentro de los réditos, más terrenales $$.
Pero no, amigos, sigo con la tozudez ¿gallega? ¿tana del sur? ¿mora? ¿originaria? (bah, indigenista, adn de madre de bisabuela) de no claudicar.
Ni con las mieles que otorga Máximo al vecino y ventajero equipo del barrio de mi infancia, ni con eso resigno mi ¿simpatía? por este gobierno.
Aunque en el saldo personal, me quede, por ejemplo, la pérdida de un trabajo, de algún amigo y horas de discusiones (caprichosamente egocéntristas)
Sí, debo decir que es tentador pensar que el 2014 a esta altura ya es un año de mierda.
No hubo viaje, ni trabajo que enorgullezca.
Ni entrevista o relevamiento en el rubro de uno que motivara a la alegría.
No asomó el babero en evidencia respecto de los hijos.
Uno sube la vara con ellos, sin que lo merezcan y como si se tratase de una fórmula matemática, minimiza los sutiles pero determinantes logros que los vuelven más independientes, más auténticos, aunque ello represente entrar en la lógica dinámica de la pelea padre-hijo.
...Pero no, lamento decirles que también, como sostuvo el poeta, intentaré a mi modo, "defender la alegría".
Y acá estamos, compartiendo en casa guiños cómplices que roban a la realidad alguna sonrisa. Risas de códigos secretos, algunos de antaños, otros nuevos.
Acá la música sigue preservándonos de ritmos mainstreamseros. Floyd nos susurra viejos tonos y poesía, que a esta etapa del camino, se vuelven inmortales.
Acá, mientras el iphone nos hace bajar la vista, atendemos a los amigos cuando desde facebook nos dicen "hoy la luna está increíble".
Y a la vez, uno tiene la tentación de suponer que vivir conectados, redujo en la humanidad, vaya a saber qué porcentaje de pérdida de mirada al cielo, producto de no poder desconectarse.
Uno sigue sembrando, literalmente, rúcula y zapallos, examinando la caprichosa constancia heredada para entender hasta qué punto paladar y olores pueden alentarnos mejor los sentidos.
No hubo viaje a NY, ni carreras de bicicletas, SÍ, muuucha caminata mañanera, eficaz para reflexionar minuciosamente, con o sin coherencias.
Hubo fallidos partidos de fútbol, alegrías sin abrazos, besos esporádicos, hasta culebrilla, gritos familiares a pedir de freudianos, dolores de espalda, lecturas para ilusionar al escriba dormido, tormentas compartidas.
Todo esto hubo.
Vaguedades, concluiría un contador, o un ex compañero del secundario haciendo cuentas desde su hogar en Palma de Mallorca. El allá, desasnándome sobre el destino de mi terruño. Con sabiduría supina.

Ok, ustedes allí (allá), nosotros arriba.