domingo, diciembre 28, 2014

28, ninguna inocencia

La fecha es oportuna, pero tranqui, no voy a referirme (aunque podría) a The edge of inocence, aquella gran película de Scorsese. Tampoco seré directo y obvio en emular a esta efemérides que remite a los pobres críos pasados a cuchillo por orden del maléfico Herodes, perturbado porque su ego quedaría relegado con la llegada del mesías. Todos ellos recordados vaya a saber por qué un 28 de diciembre.
Los chistes de esta tradición que bien podría acuñar el espíritu argento, mejor dejárselos a Yayo o a zarpados con más ingenio.
En verdad, tenía ganas de hablar algo acerca de los difíciles desenlaces que suscitan el fin de la amistad.
Porque uno puede mandar a la mierda a los parientes, embroncarse con sus jefes, desconfiar de eventuales compañeros, pero los amigos, ah, con los amigos es distinto.
Y no voy a tirar mala onda, simplemente decir que hace un par de días terminé de leer Papeles en el Viento. Sí, demasiado tarde, pero bue, me crucé con el libro antes de la película porque comienzo a recuperar algún sentido de pertenencia en relación a la literatura, la infancia, los recuerdos.
Bah, en verdad, nunca me vi ajeno a todos estos, sólo que hay cosas del pasado que aún sostengo y otras que no me banco tanto.
Y el gran mérito de Sacheri, humildemente a mi juicio, fue desacralizar ese costado de que la amistad lo perdona todo.
Así lo entendí. Los afectos se contraponen, se contradicen y, a pesar de ello, sobreviven.
Papeles lo leí entre otro de Saer, 'Palo y hueso', libro de otro escriba donde tipos como Tomatito, Pancho y Barra se miran de reojo y, a tientas, comparten su nada.
Y si la política, el fútbol o una mina, te pueden alejar de los afectos más nobles, en alguna eventual circunstancia, acaso la amenaza de muerte o de locura, alcanzarían para condonar cual cagada de aquella naturaleza.
Reconozco que las películas de Danny Boyle, por ejemplo, me ayudaron a entender o a desmitificar la amistad como se entiende en este bendito país. El tipo tanto con Tumbas a ras de la Tierra, pero sobretodo a partir de Tranispotting enseña a que existen otras razones que nos engañan al punto de creernos amigos. Hasta que una situación límite termina descarajinando todo y poniendo en evidencia la hipocresía del sentimiento.
Oriundo de una familia disfunsional, junto con otros lugares como la fe, las cuestiones institucionales y cierta pareja idílica me permitieron desconfiar de su naturaleza. Sí, cuando uno creyó en todas estas cuestiones estaba todo bien, pero cuando la realidad te pone de frente, te volvés jodido y le quitás ese costado sacrosanto. Bueno, hasta no hace tanto, entendía que la amistad quedaba eximida de ese karma, pero el bueno de Boyle, abrió el interrogante y sacudió el falso aura de "la inquebrantable amistad".
Por fortuna, decía, Sacheri tira otro camino. Tal vez, porque el tipo no transitó el camino de uno, donde en la búsqueda, le iba poniendo connotaciones buenas a cada descubrimiento, con la necesidad de creer en algo bueno.
Como sea, los libros están a mano para enseñarnos.
Este blog, no tiene el mismo destino que el de July & Julie, uno escribe a tientas sobre lo que se le ocurre. Cuenta con 15 o 16 lectores fieles, un saludable observador llamado oldiron, para ratificarme que las redes sociales funcionan y en este mar de botellas hundidas, de a ratos reaparece  para destapar algún saludable comentario.
Acaso en todo esto haya mucho de real y algo de embustero. Decidan descubrir el orden de la cuestión. De todos modos, hasta que lleguen a la verdad: que la inocencia les valga.