jueves, octubre 30, 2014

Algo se muere en noviembre

Como acto reflejo, para quien descubrió la palabra "política" en su real dimensión votando por primera vez, aquel 30 de octubre, la idea de esos tiempos resulta arcaica, de otra persona. Pero el día a día va más allá de eso. En todo caso, hacer arbitrariamente un mini análisis de lo que significa llegar a otro noviembre, sin caer en el sincericidio abre una dimensión u otra perspectiva.
Y eso de que algo muere en noviembre remite a que todo lo que uno no pudo cambiar a esta altura del año, difícilmente sea logrado con el anteúltimo mes de 2014. Diciembre, sabemos todos (por argentinos, por navideños, o mejor dicho por festivos, a pesar nuestro y familiarmente obligados), diciembre, decía, es otro bardo. ¿Pero noviembre? Sí, ahora le suman eso del Halloween, que en tiempos de abuelos, más que una fotografía del estilo Linda Blair, el día de todos los muertos, rebotaba como un castigo divino más de los hábitos católicos. 1º o 2º de noviembre significaba que algo nos quedaba por pagar. Y no lo digo en tono tremebundo, si no como que precisamente, la falta de logros del cierre anual, quedaba graficado en esta suerte de celebración pagana. Si no cumpliste tus deseos de brindis del pasado 31, ahora en noviembre, alpiste.

Afortunadamente, a mi noviembre me retrotrae a la canción de Alejandro del Prado.
Carta (Bs As, 15 de noviembre) https://www.youtube.com/watch?v=XUUusilmdZI Y mirá qué loco son los juegos del destino latente que apenas busco la canción por youtube, lo encuentro al tipo, posando en una nota que le hice yo, hace tres o cuatro años. Es la misma foto, del Prado está serio, no sonríe y yo digo "qué lástima con el discazo que acaba de sacar", en relación a Yo vengo de otro siglo.
Pero del Prado tiene sus razones, su jermu falleció tiempo atrás, esa que endulzaba todavía más sus tanguitos con agudos sutiles, cinematográficos y Alejandro evita maldecir su ausencia, o las putas razones de su ausencia. Esa que decide el destino de todos nosotros, noviembres más, noviembres menos.

Creo que una vez, busqué la calle 15 de noviembre en bicicleta. Para un porteño es algo sin importancia, calculo, porque está ahí, bordeando Constitución, insignificante.
Para alguien de Sarandí, llegar hasta ahí, tratando de entender el germen de la exquisita poesía de este cantante, es un lindo desafío. Por el mes, por el quince, la verdad no ahondé más. En el fondo, noviembre nunca se dejó interrogar o indagar demasiado, porque la gesta histórica de octubre es demasiado pesada (por el 17, por los octubres rusos, etc) y porque diciembre...ya sabemos.
"Aquello que no lograste en el año, no lo vas a cambiar en noviembre, concretamente", puede ser el consejo de un empleador desalentando un aumento.
O el de un amigo, a un reciente desempleado. "No te calentés, aguantá las vacaciones, después algo va a salir". El mes 11, aunque signifique 9, no suena por estas latitudes, ideal para mudarse o emprender un cambio de vida o de geografía. La industria automotriz, por ejemplo, lo niega porque ellos como sus potenciales compradores de vehículos, se mueren por mentir la condición de O kilómetro.
Noviembre es el desenlace de los zodiacales y creídos escorpianos y los no menos egocéntricos sagitarianos. Hace falta tamaños caracteres para un mes tan formalmente...opaco.
Lo raro de "algo se muere...", es que a diferencia de las metáforas optimistas que podrían devenir en "para que nazca lo nuevo y blablabla", es que noviembre no te da esa chance de resurgimiento próximo. Por el contrario, noviembre, podría ser como el entrepiso o el inicio a transitar el camino hacia las profundidades. Claro, después surgen los calores, el mes desestabilizador, la mesa servida, Papá Noel, el brindis y el descenso surge casi imperceptible.
En cualquier caso, noviembre puede venir bárbaro para enfocar la mirada. Como una caminata por Mar del Plata, cuando todavía es prematuro bañarse y sólo nos queda observar el último frío del mar.