martes, julio 01, 2014

Neblina, Perón y después...

En casa digo que me dieron ganas de ir a Ushuaia. "¿Buscate un trabajo de periodismo allá?", me desafían saludablemente y yo respondo que sí, que total las condiciones acotadas por el territorio serían iguales a la rutina de acá.
En tanto, la neblina se adueña de la mañana previa al partido Argentina-Suiza. El pibe ya está en la escuela, Cata tose en casa y Gabriela amasa su invención del mediodía para Regina, la mujer que cuida y alimenta y que le devuelve un cacho de alegría a cambio.
Es primero de julio y en las redes sociales ya hay homenajes diversos a la memoria del Pocho que no es el tatuado si no el padre de la patria para algunos, o el tirano prófugo para los hijos de los krispados. Sirven elogia la tapa de Crónica con el memorable y directo 'Murió', en esa biodegradable descripción del nunca converso periodista, pero siempre obediente. Allá él, diría mi abuela. *

En mi caso, Perón no significa ningún prócer, aún con mi reivindicación política al justicialismo. Haber leído tanto sobre él no es motivo suficiente para realzarlo. Por más estadista y pícaro que se precie, a mi nadie me quita sus daños colaterales post regreso.
De hecho, así como muchos dicen que su partida en el 55, evitó una matanza...su pesada herencia me lleva a concluir, sin discusión, que él también tiene algo que ver con los 30 mil, le duela a quien le duela. Al margen de la mala o caprichosa interpretación de los jóvenes de entonces, nadie me saca del bocho que el viejo cometió una canallada con sus lecturas políticas ingenuas y los mandó al cadalzo. Lo siento así. Aunque siempre haga honor a mis abuelos al momento de votar. Incluso en 2014, sostengo, "jamás gorila".
¿Pero a quién le importa este debate en medio de la messimanía, el boudougate y los buitres hambrientos?
Sí, ya sé, a nadie.
Pero como en este blog, puedo decir lo que se me canta, aclaro que tengo una vaga idea de la muerte del General en mi niñez.
Entiendo, no estoy seguro, que mis abuelos no fueron al velorio. Pascual ya se había cagado mojando con Evita (supongo que yo lo hubiese acompañado, ella significa otra cosa para mí) y la ligó de lo lindo durante el doloroso Ezeiza. Aún con su fidelidad por el partido que le abrió el bocho a la esperanza y le enseñó lo que es laburar con derechos, el hombre calvo hijo de verduleros devenido en trabajador vidriero habrá tenido flor de bolonqui en la cabeza allá por el 74. Además del interno que ya suponía conar con su único hijo separado en el sur, más los compañeros de la vida y familiares balbuceantes al momento de predecir lo que vino después.
Y en esto de mezclar harina con jengibre y menjunjes de miseria, el título del post viene como anillo al dedo, porque ¿cómo no decir que el primero de julio se corresponde con esta neblina?
"Perdido como peroncho en la neblina", bien podría ser una frase a acuñar por el sabio Arturo Jauretche.
El juego libre de emparentarlo todo es una tentación para traer acá la canción de Sabina "así estoy yo sin tí".
Tranqui, no voy a hacerlo...hoy.
En síntesis de nada. Julio trae a Juan Domingo, a la fecha de cumpleaños de mi viejo, que coincide con mi amigo Tito Bruzzoni y ah, con el aniversario de casamiento: mañana fría de un viernes, lógicamente inolvidable cuyos embrujos se sostienen hasta el presente, en un recuento que dice 22 años, sin avergonzarse y todo.
La parte del "y después" del título de este post, como siempre será mañana, o mejor dicho MAAAÑANA, parafraseando al Flaco de los puentes amarillos. Pavada de asociación idealizada, sólo equiparable a estar tirado en la nieve relajado, sin soñar, feliz por un julio invernal en el culo del mundo. Ta luego.





* Es lógico, Pablo Sirvén recuerda la tapa de Crónica y descarta u oculta aquella del diario Noticias "Dolor", se comprende, para el la historia tiene sólo el tamíz de lo políticamente correcto. De militancia, nada.