viernes, abril 11, 2014

Lynch, Twin Peaks, 24 años después

Excéntrico al extremo o egocéntrico, cual Almodovar yanki. David Lynch siempre fue un talento lejano, o con reservas, para mí. Acaso Corazón Salvaje, rescatando al siempre cuestionado Nic Cage y su campera fetiche animal print, más una perturbadora y perturbable Patricia Arquette en Carretera Perdida (película que vi solo y me partió la cabeza sin comprender demasiado), llevo a esa tonta resistencia interior de negarme a una serie de culto. Hay algo rebelde infantil en esto de evitar convencerse del "no te la podés perder", hecho que me deja afuera de muchas cosas. A veces lo celebro y otras lo lamento.
La cuestión es que después de House of Cards, quise darle una oportunidad a Twin Peaks. Ya me había reconciliado bastante con Lynch en Una historia Sencilla. En verdad, para retorcido (además de uno) estaban el amigo Cronemberg, más Kieslowski y hasta Von Trier, pero bueno, ahí me fui, seguí la línea y la euforia en mi memoria del colega Pablo de la Fuente hablándome de la serie (aquel amigo de sus años troskos, de lecturas de Onetti, no el último más corporativos perfiliano) y arranqué.
Por supuesto, como cuando uno se entusiasma con una canción, libro, viaje, olor, amores, etc., no resultó complicado devorarme los ¿veintipico? de capítulos en un par de semanas.
Lo que fue el crimen de Laura Palmer, desencadenó en un detective con habilidades oníricas, espirituosas, psicológicas, bah, de recorridos más emparentados con mente-cuerpo-alma que del policial negro, aunque también Twin Peaks tiene mucho de esto. Culebrón donde no faltan seres de otros planetas, mensajes primarios, romances berretas, personajes mufas, fantasías eróticas, morales cuestionadas, imaginé a Lynch con precioso cuidado elegir un staff completo de mujeres bonitas, casi en su totalidad. Un pueblo entero con chicas atractivas, como cuando arranca el despertar sexual y el fútbol sólo se relega por ir a comprar donde te espera la hija del verdulero o la potencial piba de tus sueños. Estoy seguro que a David eso no se le escapó.
Tampoco el tandem Sherlock, Batman, Llanero en esa relación Cooper-Truman, más cercana a la amistad que a las mentes brillantes profesionales.
Electra, las drogas, el paladar entregado a la cocina natural, la sabiduría de un pescador medio bobote, pero experto en ajedrez, los amantes, los deseos sugeridos, todo esto, más un cameo del propio David, cuya sordera y elevada voz debió arrancar carcajadas en el set, imagino.
En esto de emparentar el presente con lo que uno lee o mira, Twin Peaks, también sorprende gratamente. La idea de bien y mal, o mejor dicho del mal interior, suelta en el aire una relación entre miedo y maldad, muy acorde a días de linchamientos.
"Con el miedo,el alma está más predispuesta a ser vulnerada por lo maligno", sugiere más o menos con estas palabras, el último gran enemigo de Cooper. Y creo que es cierto. Los discursos más fachos que he escuchado salen en boca de tipos indefensos o impotentes frente a lo oscuro, lo extraño, lo desconocido. Sí, quizás es un tema recurrente en mis posts, tal vez porque no veo que haya una vuelta de rosca distinta que pueda separar esta combinación panic-attack
Por otro lado, leyendo algunos comentarios en relación al aniversario de sus dos temporadas, alguno destaca el hecho de que la primera fue estupenda y la segunda "estuvo de más". Admito que tuve la misma impresión en un momento, la  sola idea de pensar que hay que estirar un éxito o no desaprovecharlo, llevó a Lynch a una escalón similar del Negro Olmedo, cuando iba a laburar al teatro pensando en que su elenco debía seguir para juntar unos mangos y sobrevivir.
Más allá de lo económico, sin embargo, lo vi a David y sus colaboradores, tentados por las voces de los personajes hablándoles. Creo en serio que cuando hay una buena historia, buenos sujetos imaginarios, los tipos deben talarte el bocho para que no los abandones, para que sigas dándole vida. A diferencia de las ideas preestablecidas tipo Goebbels, que gotean el marote hasta salir automáticamente de nuestras bocas como frases huecas y mecánicas ("One of us, one of us", ¿se animan a decir en qué película el sujeto tiraba esta?), la voz del personaje es un desafío a seguir por callejones desconocidos.
"Dale, seguí, no arrugués, seguí escribiendo que yo te cuento", diría Cooper al director y al mismísimo Kyle MacLachlan, intérprete del muchachito del FBI.
¿Cómo concluye esta mirada de una serie retro? ¿Y cómo va a ser? Mal!! Como la serie, que dejó un mensaje escéptico del que uno quiere convencerse. Al final, el mal llega, se instala en nosotros y nos gobierna. Acaso pensemos frente al espejo. Aunque a veces, los peores desenlaces, aún en la ficción, no representen, otra cosa que la decisión de cerrar un capítulo. De correr la mirada.