lunes, diciembre 09, 2013

Diciembres, siempre de mierda

Salgo en la previa al día de laburo, a ver qué pasa, entre tanta tele tremembunda. Y no falla, nada frena la paranoia colectiva. Negocios cerrados por si las moscas, control urbano (nuestra policía municipal de Bera), relojeando la zona "de privilegio". La librería el Aleph, con sus puertas de par en par, no existe pueblo que se regocije o se jacte de saquear en pos de ensanchar sus bibliotecas. Hay temor, hay un propósito oficial por no dejar que los enemigos marquen la agenda, pero lo veo complicado. Por chambones, por confiados, por multimetódicos (lo que puede significar desordenados/desorientados), los antecedentes de Córdoba, los barras del finde, las canas provinciales que temen quedar enmarañadas en esta pelea gobernaciones vs. municipios sin ver un mango. Por sus horas extras de miseria, por la siempre susurrante y efectiva voz duhaldista, por renovar la seguridad con una mujer (algo que irrita a las fuerzas SIEMPRE), la cuestión es que diciembre de mierda siempre estuvo cerca.
En tal sentido, me parece inoportuno, lo digo aunque mis colegas ideológicos me contradigan, celebrar los 30 años de democracia, como si nada. Algo así como la contracara del estado de sitio de De la Rúa. Quizás después me pueda equivocar, pero no son tiempos de Disneylandia. Es más, para mí Diciembre debería ser el mes de nuestras pascuas. De reflexión de obligar a hacer algo por los demás. Acaso esas imágenes de paquetes inmensos navideños, con la riqueza bañada de nieve en disidencia a nuestro calor insoportable, hace que este mes signifique una tortura. Ni que hablar con las dificultades para juntarse en familia o con amigos, con poca guita, falsos proyectos, menúes obligados y vacaciones "andá a saber dónde y si pinta". Porque más allá de los krispados, los que celebramos como podemos, vivimos las navidades así. Abiertos al brindis con los vecinos, cañitas, algún asado y a otra cosa. Los otros se van a Punta. Y los desesperados, tampoco pueden desaprovechar la chance de imaginar un shopping a su alcance. Más si son los custodios de la vida quienes los promueven o motivan.
"Ven allá donde están los ch
inos, allá después de las ocho, no queda ninguno de los nuestros". ¿Qué es ese mensaje si no una explícita zona liberada?
Hay que aprender de las derrotas, no hay que pensar que el sentido común primará siempre, sobre el impulso bestial e interno que nos domina. Y son muchos años de paranoia, de goteo mediático. De desconfiar en el otro. El otro día pensé incluso, pedirle a mi amigo Saborido, que con Diego hagan una declaración de principios para sacar definitivamente del aire a Micky Vainilla. "El odio fue más lejos que nuestro despreciable personaje", era el argumento que imaginaba en boca de Pedro o Capusotto.
No me animé a llamarlo y sugerírselo. A veces pienso que, fiel a mi generación, llego siempre tarde. Incluso con esta clase de recomendaciones.
Ahora me queda esperar que Cristina se ilumine y en esa varita se acallen los odios, los levantamientos extorsivos, los piquetes lúmpenes, la canchereada wachiturra y los nazis palermitanos buscando villeros con su gps hdp.
Diciembre, siempre recuerdo, fue el mes de la llegada de Jesús, en ese entonces, también la mano venía jodidísima y, como pueblo católico, aún pagamos los abusos y descontroles de entonces. Quien te dice que María y José, aprovecharon la choza o el descampado y zafaron esa noche con el morfi ofrecido de sus amigos saqueadores.