martes, noviembre 05, 2013

El maestro se coló en el entretiempo

Pausa polìtica, la salvedad de buscar una definición, si no amable, cuanto menos discreta acerca del presente de Independiente. Por supuesto cuando esperanza e ilusión son necesarias como la utopía, uno exagera y supone que el club que lo desvela está mejor que el partido anterior. Para ratificar tal ensueño, se repiten los comentarios, las jugadas del partidos son exactamente iguales en todos los canales (¿FPT las edita y las distribuye?) y la copia burda (o literal, si se quiere), se reproduce hasta el hartazgo cual videograph de TN.
El caso es que son las 00.50, ponele (si no hay palito pa Cantero o un acto de violencia, no vas a pretender que te den lugar en el primer bloque) y en la previa Roja al partido de Independiente vs. el Lobo Jujeño, en Fox Sports se cuela el maestro para una acotación inútil. Sin ser nombrado, por supuesto, pero la potencia del título que lo inmortalizó, sirve tanto para hablar del fútbol holandés como de la venta de cítricos y por supuesto, de futuros-presentes apocalípticos. La cuestión es que el nabo-conductor cita a La Naranja Mecánica, aludiendo a un equipo rosarino que ganó un torneo berreta. Alina lo corrige y le recuerda que el título corresponde a una película, el tipo toma el guante y menciona a Stanley Kubric y, la menos glamorosa pero más inteligente de la cadena (mexicana ella, creo) recuerda que tal mención corresponde a un exitoso libro.
Como el best seller no es precisamente el principal motivo de orgullo de Anthony Burgess (desafío a cualquiera que intente demostrarme lo contrario), su secreto esbozo me remite a la última parte del libro que más leo yo (no es el I ching de Mi enfermedad que bien canta Fabi Cantilo, si no la segunda parte de la biografía del susodicho). Al momento de hacer balances y hablar de su resistencia a la muerte, el tipo dirá lo que reproduciré en breve. Como este es un blog donde conflictos más, conflictos menos se escribe a propósito de lo que a uno se le canta el toor (para ser claro y bordear lo chabacano, siempre necesario), aquí el rescate de dos partes del cierre: una la aludida y otra, la puerta abierta a otro maestro que me sigue quedando pendiente y del que Burgess hizo mucho por él, siempre...James Joyce.
Va primero, entonces sus preguntas existenciales (pag 518 de You ve had your time, Ya viviste lo tuyo)

¿ESTOY SATISFECHO? Seguro que no. ya he rebasado el límite de edad prescrito por la Biblia,tengo que pensar en la muerte, y no me gusta nada pensar en la muerte. Hay en mí vestigios del miedo al infierno, incluso al purgatorio, y no se me quitan por más autores racionalistas que me empeño en leer. Si tras la muerte hay sólo oscuridad, ésta será la realidad postrera, y el amor a la vida que de vez en cuando siento no es buena preparación a semejante fin. Ante la proximidad de la proximidad de la negrura, que Churchill jocosamente denominaba terciopelo negro, parece una frivolidad preocuparse por un mondo que va a desaparecer de pronto, como desaparece la imagen de la pantalla del televisor cuando se corta el fluido eléctrico. Pero la rabia ante la muerte de la luz es muy propia del hombre, especialmente cuando todavía le quedan a uno cosas por hacer. Y es una rabia que a veces se me antoja locura. No se trata solo de las obras que quedan sin hacer; también importan las cosas sin aprender. Me he puesto a estudiar japonés, pero ya es demasiado tarde; he emprendido la lectura del hebreo, pero con estos ojos míos no alanzo a distinguir los puntos ni los tejuelos. ¿Cómo puede uno desvanecerse en paz, pasando de la
vasta ignorancia al estado de ignorancia total?

Sobre Joyce (pagina 503)
Había hecho todo lo posible por él, como tantos otros. Había sacado tres libros, incontables artículos, una obra musical, todo en su homenaje. no espera, a pesar de la magia joyceana, recibir a cambio la palmada agradecida de una mano inmóvil. yo era quien tenía que agradecérselo todo: Joyce, más que ningún otro hombre me había enseñado el valor de la literatura, tratando de inculcarme una sacerdotal devoción por el arte. Pero él no había vivido la vida johonsoniana, él nunca pasó por la calle de la pobreza. Siempre había esta en las cumbres del arte, bajo la égida del último mecenas, rechazando la literatura y sus gusarapapientas derivaciones periodísiticas en cuanto modos de ganarse la vida. Suhijo George acabó en el paro, alcohólico y patético; su hija Lucía, en un manicomio. No hubo cosa que él no echara a perder, excepto su talento. Con eso no bastaba y Dublín lo sabía. En la tarde del 16 de junio la ciudad entera se convirtió en escenario teatral: se dio vida al episodio de las Rocas Errantes del Ulises, sus personajes caminaron por las aceras; y los honrados ciudadanos no literaturizados dieron en murmurar: "¿Qué creerá el tipo ese que está haciendo ahí, vestido como mi abuelo? Tendría que estar prohibido, joder" Una ciudad se cabe en un libro: es gente que trata de ganarse la vida para sus mujeres y sus hijos y sus hijas, y entre ellos había pequeños Wlisons (nombre de A. Burgess) transubstanciando las palabras en pan.