miércoles, noviembre 06, 2013

Contaminados

Fue la palabra con la que describió una respetable colega vía twitter a la gente de su (nuestra) generación o mayores al momento de referirse acerca del mundo de las ideas. Su queja aludía a falta de originalidad, realzando a los que vienen. Más jugados, auténticos, desprejuiciados.
Y sí, estamos contaminados, por los que fueron antes que nosotros, por los que a regañadientes intentamos ser. Somos palotes de nuestros sueños a medio desmontar.
Queda el consuelo de la influencia literaria de los reyes del intoxique, con Bukowski, Carver, Burroughs, Arlt, por qué no Syms, y otros a la cabeza. Ellos sí la tenían clara.
Pero qué esperar de nosotros, prolijamente obedientes, partícipes involuntarios de la dictadura en plena adolescencia. Ah, de esto no podemos hablar porque es parte de nuestra enfermedad y altera un potencial ser original.
En el fondo, pienso en todo lo que tenemos que decir y siempre parece poco. Nosotros los post fierros, mamamos como dice Casero, aquello de "el silencio es salud", pero lo acatamos.
Después, entre los que gozaron de los excesos ochentosos (ricos porteños, digámoslo), vinieron los 90 libertinos. Puteábamos y viajábamos, hipotecamos el presente y el futuro y tapamos con la alfombra un pasado vergonzante.
¿De qué puede jactarse un cuarentón en la bisagra de los cincuenta, si no de ser testigo de otros exponentes mayores más zarpados?
De hecho, ser testigos de la fiesta y de los goces de otros, tampoco nos vuelve protagonistas. Pibes de la guerra sin heroícidad más que la de ser corderos atados rumbos a una delirante patriada. Demócratas porfiados atraídos por un prolijo canto republicano a la yanki (sí, hablo de Alfonsín).  Pasamos del canto romantico del secundario donde sólo el amor era más fuerte (ni política, ni arte, ni ideología, sólo enamorarse y tener hijos, esa era la cuestión permitida), a las bondades a la europea de un socialismo consumista, desentendiéndonos del modelo familiar, como un proyecto saludable. Observadores exquisitos del ensalzado e incomprensible postmodernismo: Aquí y ahora, nada más.
Así, uno, contaminado, fue recogiendo retazos de mensajes cruzados, dependiendo de los discos, los libros y los mensajes obvios o subyacentes.
Mientras Sarlo enseñaba la modalidad del no lugar entre los ciudadanos del mundo (insertándonos del mismo modo al shopping y a los aeropuertos, eximiendo de esos espacios a millones de argentinos), el grunge de garage del norte nos decía que no hay futuro, en un tono más punkie de acá (chicos ricos asumiendo pose de homeless) y nosotros felices del veranito pop, el pecho inflado de nuestra creativa y exportadora generación (Soda, Virus y sus derivados) más ritmo de cumbia y bailanta de fiesta menemista, volvimos a sumergirnos en el mundo de nuestras preguntas, atentos a lo que el mercado hacía con nosotros (tomándonos y echándonos, alternativamente, nunca organizándonos), ajenos eso sí, siempre, de la Argentina profunda, aunque sea esta la que conforme nuestra naturaleza.
Y acá está uno dando cátedra de palotes balbuceantes, con ideas inconexas potenciadas por la herencia de familias disfuncionales, más psicoanálisis, barrios abandonados, el matrimonio, la "agitada" (aunque sin vértigo) vida laboral, los hijos, la tecnología limpiando con nuestra historia, las premisas multiple choice de las redes sociales: si sos detractor marcá una x en twitter, si te gusta el grupo del secundario, compartilo, con los tuyos...si esto incluye a quien te jodió entonces, sumalo, la gente puede cambiar (aunque la segunda experiencia ratifique tus dudas).
Entonces asumo la contaminación, aunque hay justificaciones. Así como fuimos testigos del Diego, el Bocha (en mi caso de hincha rojo) Messi, Charly, Spinetta, la negra Sosa, Fidel, el último Pocho (pero una difusa imagen), Videla, Alfonsín, los K, Woody Allen, Coppola, Favio, Susana, Monzón, Obama, George W, la Tatcher, Lady Di, Madonna, Michael Jackson, Sumo, Soda, Los Redondos, Callejeros, Pappo, Messi, el caso Coppola y siguen las firmas...
también nos bancamos andar por la calle, sí o sí con documentos; vimos los efectos del Sida, Bulacio, Carrasco, Cromañón, Once, Tablada, Aldo Rico, las Torres, el divorcio, Juan Pablo I, el rating, Tinelli, la gripe A, las facturas de teléfono, los celulares, la muerte de la industria, el paro del Campo, la cárcel por consumo, los palos en la cancha por que sí, la guerra del aguante futbolero (motivado x la tele), los realities, los lugares Vip, los villas pero también los barrios cerrados, las cámaras vigilantes como proyectos municipales, etc...
Contaminados también, de costado y de frente, atravesamos (por supuesto con culpa) el mantra de los 60 "sexo, droga y rock&roll". El erotismo saltó al mundo glam o a una construcción masificada de videítos prohibidos. ¿¿Qué otra cosa si no plasmar la fantasía popular (y porno) a partir del "magnífico" wasap?? Ni primaveras rusas, ni checas, ni francesas, ni cordobazos, ni el Di Tella. Tan sólo (bue, a esta altura es una gloria recordarlo) el Parakultural egocéntrico (más Babilonia y derivados), como para decir espiamos una inquietud, que duró poco. Por lo menos para los foráneos voyeurs de otro mundo exclusivo.
Y sí, más que partícipes, seremos testigos pasivos de este baile. Diremos las cosas a medias, afirmaremos a los gritos ciertos conceptos para sentir que en algunos ámbitos necesitaremos hacer pie (en definitiva, también a nosotros nos quedó sellado en la piel aquello de que "la duda es una jactancia intelectual"). Pero, que la colega me permita discrepar respecto del futuro. Si bien el flaco nos enseñó y entendimos que "después de todo...yo nunca voy a decir que todo tiempo por pasado fue mejor", o sea MAÑANA ES MEJOR, también me permito disentir a suponer que por joven incoloro, e inodoro, desinfectable, todo lo que surge de las generaciones posteriores es más creativo, más noble. Y no se trata de descalificar a los que siguen, uno es padre y sabe que la grandeza reside en saber correrse, aún cuando la tarea no es sencilla. Pero lo que intento decir es que aquello que nos contaminó, nos contamina y nos enfermará, probablemente, hace a nuestra esencia. Y el pasado, mal que le pese a los políticos superadores, siempre está enseñándonos. Como los signos mágicos, EL PASADO NOS HABLA, nos discute, nos cuestiona, nos contradice, nos interroga. Algo así como si nuestros viejos se interesaran por saber más de nosotros. Debo decir que a ellos les alcanzó con protegernos durante los años duros, pero no por eso vamos a esperar que nos hayan escuchado alguna vez.
Bueno, ese pasado ideal que día a día nos inventamos (puteable, revisable y todos los ables que surjan), nos dan letra para la ficción. ¿nos hará creativos? A quién le importa esa guinda, los motes de genialidad los dejo para el mercado y sus buscadores de talentos. A mi me alcanza con estos palotes, que ya es bastante laburo.
Saludos.