jueves, octubre 17, 2013

#bullyingmediatico

La cosa es más o menos así, primero y a fin de dar un marco contundente de credibilidad, se arranca con el nuevo término reemplazante del concepto pueblo, público, audiencia, espectadores o a la más límpida "sociedad": decimooos, "las redes sociales" 
Un tandem de twitteros amigables que disfrazan su formación ortodoxa para dar un marco de justiciera imparcialidad comienzan a hacer, con simple e inocente ironía, la deconstrucción del afectado en suerte. Las idas y vueltas entre todos ellos, no es más que una novedosa puesta en escena para despertar el interés de sus fieles anónimos. Instalan el hashtag, apuran el TT (trending topic) y así se inicia la bola. Como buena parte de ellos se desempeñan en diferentes portales con cargos ejecutivos, automáticamente las versiones de "redes sociales", se potencian desde páginas web. 
Se sabe que, al menos desde hace tres años, los cronistas de los diarios más importantes debían twittear paa su editorial, casi de modo permanente. Tal fue la directiva, por ejemplo, de uno de los periódicos más influenciables del país. Todo por el mismo precio, desde ya.
Sin embargo, como la vocación periodística, conlleva un potencial narcisista muy fuerte, aquello de lo que algunos criticaron con indignación, amparándose en la evidente precarización de la profesión, quedó enseguida segregada por la falsa noción de pertenencia. Así como el Candy Crush realza el talento de cada jugador, según su puntuación, los twitteros sólo conciben su éxito en relación al número de seguidores permanentes. O sea, un falso automarketing donde el opinator queda contento con sus retweets, trabaja a destajo por el bien del medio y sin recibir un solo peso.
De todos modos, en esta carrera, además de los generadores de opinión que se amalgaman a las directivas de su empresa, existen algunos rockstars entre sus filas, aquellos que amplían sus miradas descalificantes o funcionales, a través de blogs emblemáticos, ubicados preferentemente al pie de los portales periodísticos. El cobro por la participación de éstos, es una incógnita, pero "permanecer, es la cuestión".
Vale advertir que tal modalidad (dejó de ser una estrategia para transformarse en una construcción simbólica pero a la vez muy concreta) no está regida únicamente por especialistas de la política, la cultura o los sabios en nuevas tecnologías (perdón por esta frase perimida, no sé cómo fue reemplazado el término 2.0). En tal sentido, las celebrities de la farándula también cooperan, con acotaciones o simplemente avalando los diálogos de 140 c. El juego e intercambio permanente en este ida y vuelta fortalece el objetivo a imponer.
El salto de la información disparada en la red, lógicamente llega a las tapas de los diarios. Suerte de decoración arcaica para sostener de modo tangible lo que se intenta fundamentar. Como macetas necesarias, las numerosas portadas, junto con galerías fotográficas, dan un marco visual al tema, además del aporte de youtube, desde ya, en este afán de multimediarlo todo.
El #bullyingmediatico entonces apela a la viralización de ideas, videos, conceptos. Así hasta el infinito. La televisión, por supuesto, transforma y hace más eficaz la idea de repetición. 
La mesa está servida. Se trata entonces de sentarse a comer, igual que El Cocinero, el ladrón, la mujer y su amante. Bon appetit.