viernes, septiembre 06, 2013

Siempre viernes

Hubo uno, 3 AM, que llegó para volarnos la cabeza y enseñarnos que el arte y el rock, no estaban precisamente para relajarse. Pero no voy a referirme a ese viernes si no a los otros. Aquellos donde los negros ochentosos te pedían que los agradezcas a ritmo boliche. No soy de los que esperaba desesperadamente ese día para hacer la ruta de discoteca, aunque sí recuerdo con qué ansiedad lo aguardaban los referentes adultos del barrio pensando en Mi Club, Elsieland, NY City, Electric. Los más memoriosos ya no estaban pero hablaban de un Majestuoso Sarmiento y un Cramer, ambos exponentes sarandinenses donde supieron convivir el necesario cardumen de las 4 de la mañana, con consabidos consuelos para tímidos planchadores con ganas de sexo furtivo y algunos recitales delirantes en los que Pappo, Sandro y Sergio Denis se cruzaban atrayendo a borrachos y felinas, para alegría de los bailaores ansiosos de chicas bonitas.
Para el piberío, en cambio, el viernes era garantía de fútbol irrefrenable, algún recital en el culo del mundo, un encuentro con promesa de sueños amorosos o una escapada a ríos lejanos. El viernes era condición sine qua non de euforia asegurada, cosa que condicionaba un poco, obligándonos a una alegría forzada. La falsa noción de que tiempo y cronología eran problemas de otros y una autorización simbólica donde el joven contaba con una necesaria impunidad para manejarse con pocos límites o bastante acotados.
Viernes y dios se combinaban como una frase hecha, en esa actitud incómoda de corresponder pecado con divinidad, al menos para nos, los católicos.
Acaso por todo esto, la tarde del domingo se acerca más a la canción de Serú que el noble quinto día de la semana. Andá a saber qué cosas le pasaban a Charly por su cabeza. De hecho, pensar que ese día alguien quisiera suicidarse se asemeja más a un workhalcolic angustiado por el próximo e inminente tiempo libre. Tengo una larga lista de gente que bien podría desesperarse con la llegada de esa jornada. Por citar algunos que demoran el regreso a casa o su salida de la oficina. Ni qué decir de ese empresario gerente periodístico que duerme en su edificio y se inventa cierres editoriales sólo para no quedarse solo.
Pero eso es otra historia. Mejor cantar como Nico alguna vez en Fax, "Hoy es viernes, joda, joda, joda. Viernes, huevo, huevo, huevo", un himno que va de la inmunidad de la libertad, a la garra para hacer lo que realmente se nos canta.