lunes, agosto 12, 2013

Nuestra gata Lilita y las chicas del poder

No es joda, pero allá por el 2001, tuvimos con Gabriela nuestra segunda gata, Lilita. El primero, zorrino, había sufrido aquel síndrome de insuficiencia renal fulminante que heredamos de una amiga en común, tras mudarse a Nueva York. Lilita llegó como un pajarito, comiendo galletitas de arriba de una parrilla sin usar, cual pajarito. El nombre surgió como reflejo, impredecible, inmanejable, cariñosa o agresiva al mismo tiempo, el felino bien merecía el nombre de nuestra dirigente apocalíptica.
Difícil fue mudarla de Sarandí a Berazategui, es lógico, su
homónima hizo el viraje opuesto y aún sufriente quedó muy claro que a la rubia la ciudad de la furia le sienta mucho mejor que el impenetrable.
En cambio, como a nosotros, saltar del fantasmagórico y ficcional avellaneda city al más profundo gba, significó un salto inverso. Pero aprendimos.
Ayer Carrió, esa mujer que bien podría haber bajado un cambio luego de los últimos golpes, surgió de sus cenizas, altiva como siempre. Diciendo que las familias deben pelearse "porque si no es aburrido", a propósito de su "espíritu republicano", en sincro con UNEN, pero cual protoperonista reflejó por enésima vez que "a la negrada, ni justicia"...salvo que seas un Pino, viejo militante de las causas blabla.
Pero debo decir que nuestra Lilita, cambió, se templó. Una de sus hijas, nube, se quedó con nosotros y la desdicha de la fragilidad felina, en donde el sol se encargó de agudizar con un cáncer fúlminante, acabó con la cría antes que su madre. La nuestra, la doméstica, aprendió a mimarnos y ser mimada, se adaptó al crecimiento de los chicos, disfrutó de la independencia de quien goza de las bondades de "no ser castrada" (se podría escribir mejor esta construcción, pero por ahora sale así) y se hizo querer, tanto como aquella primera (o primaria) que entonaba más el discurso morenista que el cierre del nuevo testamento.
Ayer, con su chalina cachorrubiana, su pelambre pachamamesco, pero rubio furioso, sus labios pintados exageradamente, cual Casero trasvestido, el huracán volvió, dio cátedra primero en la tribuna porteña, esa que le había dado la espalda por loca, en un ámbito que extrañaba ("cuánto tiempo sin tanta gente cerca", habrá pensado) y luego, en la casa de su amante visible, el Durán Barba de la ex alfonsinista, aliancista, Arista, lider de la Coalición Cívica y ahora de la Unen.
"Lo único que escuché de Cristina Kirknerr es que nunca nos mintió", arrancó en el estudio krispeitor y  una carcajada de la tribuna de chicos de la UCA, se excedió, acaso más eufórica que en otros programas.
Mi recuento selectivo, ese que surge durante las derrotas para no quedar herido de muerte, o de cierre dominical, me recordó aquel "vienen con armas", que la confesa radical reveló a Mariano Grondona, en esto de contraponer verdades y  mentiras ajenas.
Justo unos minutos antes, esa mujer, que para la negrada es "Esta mujer", arrancó cuanto menos "más morocha que nunca", o al menos abstrayéndome del colágeno y esos aspectos más antipáticos de Cris, uno la vio así.
"Es increíble tener una visión tan optimista después de perder, no?", preguntó posteriormente un Lanata sin filtro (o sea, sin el cigarrillo que sí se permitía fumarse en América y que Magnetto le quitó). "Se llama utopía, gordo", se me ocurrió decir y la referencia me retrotrajo a Galeano, a Benedetti, a Serrat.
Después me fui a acostar y entre el recuerdo de mi Lilita (reposa en el fondo del jardín, junto a su hija, un roble que crece y mi abuela), con Gabriela concluimos que son "demasiadas mujeres disputando poder". Y es cierto, ni Almodovar podría hacerlo mejor: Michetti, con su oratoria hippie, pero cheta, Elisa, Cristina, Camaño, Vilma, Patricia..."Bueno, pero está Massa", acota mi mujer. Aunque la puteada de Malena y el pollerudo agradecimiento del tigrense a su chica, ratifica la hipótesis de "muchas mujeres", que, juro, no salió de mi boca.


* Estaría bueno releer la biografía no autorizada de Marta Dillon sobre Lila Carrió, muy amable la autora con su personaje, expone a la incontrolable y pasional mujer que amó a Alfonsín y luego desestimó. Esa que giró con De la Rúa en tiempos de Alianza, que hizo la vista gorda precisamente en la ejecución de De la Rúa de su gobierno y que nunca se animó a la gestión.