lunes, noviembre 05, 2012

Leonardo Favio, celuloide y música


A regañadientes, entre tanta costumbre y nota obligada, hace un par de años, tuve la dicha de entrevistar a Leonardo Favio. Él, tembloroso, de movimientos lentos, con un pequeño pero fundamental cortejo de fans cobijándole la vida y sobretodo la salud. Uno, disconforme x las películas sin revisar, sin recuperar. La nota en un departamento porteño, con la humedad y el hastío de siempre (la ciudad conserva ese espacio hostil y poco amable), tuvo efectos secundarios al regreso...cuestión de interpretación, podríamos decir para ser gentiles con el responsable del diario. Es que el director soltó un "Cristina es un infierno", cual elogio, por eso de no quedarse quieta y seguir, y seguir...y Perfil, "corrigió" el título con el obvio "Favio critica a Cristina: "Es un infierno". 
No quiero pecar de vanidoso, pero sí decir que fue ésa, acaso la última nota de la editorial al creador de "Crónica de un niño solo". Sé que vía Marita y otros, JF probó sin suerte un reencuentro de charlas interminables y páginas caracterizadas por las letras negritas, antes que las respuestas.
Poco importa todo esto, desde aquí, brindo por la mersa "hoy corté una flor", por "ella" que "ya me olvidó", por su mala versión del tema de Pototo, por la cara de Camero en Nazareno, todo lo que dejó Bebán en el Juan Moreira, incluso esa oda a la traición (peronista o no) que al grito de Chirinoooooo todavía nos descorazona. 
Quedan además, Soñar, Soñar, haber presenciado (otra dicha como cronista) su trabajo en el estadio Obras, durante la filmación de Gatica. La soledad de Luppi en el Romance, todas las participaciones de Favio como actor junto a Torre NIlson. Su confuso episodio en Ezeiza, las biografías por venir, sus planos antecediendo al mismísimo Jim Jarmusch y, esa foto blanco y negro del niño solo. La idea de los horfanatos exhibidos en una superficie que se resiste a valorar pobres y villeros. Sus recitales en Crónica, su extremada sobreactuación al momento de dar entrevistas y ese pañuelo que pudorosamente cubrió hasta el final su condición coqueta. 


Chau Leonardo, gracias x tus canciones presentes en cualquier bodegón de Latinoamérica. Por tus pelis sentidas y perturbadoras y por tu sesuda militancia peronista. Gracias x hacer el arte cabecita. Aunque les duela.  

Amable y seductor, el hombre invita un café, un caramelo, propone escuchar música clásica durante la charla con PERFIL. En fin, fiel a su vocación y a la tradición árabe, Fuad Jorge Jury, tal su verdadero nombre, se adueña de la puesta del reportaje. Confiado en esta nueva versión de Aniceto, se siente seguro. “Esta es la obra de mi madurez y ya no tengo pretextos para nada. Dios quiera que las críticas me acompañen porque el cine es un trabajo de convocatoria, pero si así no fuera, seguiría sintiendo lo mismo”, asegura.

Perfección. Disfruta recordando tal proceso. Sostiene que no quería que la estética de la danza quedara acotada “a un cuadrito del escenario” y que el cine, le permite trasladar a Aniceto hacia cualquier lugar. “Esta es mi obra más perfecta”, sostiene y, batallador, confirma: “Me sirve de trampolín para las próximas. De hecho ya estoy elaborando ‘el mantel de hule’”. Sabe que, como en el cine, sus palabras ante cualquier auditorio cobran un nuevo sentido. Así logró convencer a Fernando Ayala en los setenta para filmar Juan Moreira, asegurándole que Toshiro Mifune sería el protagonista de la historia. “Es que tenés que saber seducir a la gente. En serio, porque el cine es muy caro. Fijate lo que sucede conmigo, no consigo productores. ¿Sabés por qué? Porque me tienen miedo. Ahora que ya terminé la película me dicen que quieren participar. Se lo pierden. Los números me avalan. En realidad, algunos de mis proyectos fueron a parar al cajón, pero el tiempo siempre termina dándome la razón.

— ¿En qué sentido?
— Fijate que con Soñar, soñar me dieron para que tenga. Bueno... hoy en día es la película más vista por los amantes del cine, la más estudiada.

— Tu biografía de Adriana Schettini (“Pasen y vean”), confirma que estuvo sólo una semana en cartel. Aunque el contexto era otro.
— Obviamente, ¿sabés qué pasa?, el miedo penetra silenciosamente. Pero en estos tiempos no sería así.

— ¿Se acerca tu idea de felicidad a aquella que imaginabas en la niñez?
— Es que he sido muy feliz, por algo conservo cosas de mi niñez, aún las más dolorosas, como ésa (señala una foto, de su etapa en el instituto de menores), o a la orilla del río con mis amigos. Yo no tengo de qué quejarme, realmente.

— ¿Y desde lo social?
— ¿No querés un café? En mi niñez ser feliz era un hecho natural, como sístole y diástole. Era feliz, tal como fueran dadas las circunstancias; poco a poco, comencé a mirar a los costados. Hoy ya no sé si puedo lograr la felicidad, puedo intentar estar más sereno. Y la única manera es involucrándome con la gente. Donde ya tus opiniones no parten de una mesa de café.

— ¿Te referís a la mirada intelectual de otros tiempos?
— De otros tiempos no. En realidad, depende de la edad y de la madurez individual. Es hora de aprender a leer entre líneas. Quien no quiera ver la mano de la Embajada de Estados Unidos en todos estos movimientos, en países como Bolivia y Ecuador que encontraron su identidad, se equivocan. O nosotros, que hemos tenido un país hecho pelota.

— Pero hay hechos recurrentes que remiten a otros tiempos. Puede sonarte antipático...
— No, dale, decí...

— La pelea en Almagro entre UOCRA y Camioneros, en el acto de Kirchner, ¿no te remitió a Ezeiza? (N. de la R.: Favio fue conductor del acto del regreso de Perón en el ’73.)
— Nada que ver (pausa), no sé qué ocurrió ese día, estuve muy metido en el laboratorio, recién ahora estoy saliendo, pero si el conflicto fue entre UOCRA y Camioneros, no sé cómo fue, pero tiene razón Camioneros. Conozco el paño porque fui sastre durante muchos años.

Homenaje. En pocas semanas, Leonardo podría viajar a Venecia, donde se realiza una retrospectiva de su obra. “¿El público argentino? Bueno, no puede haber otro director más agradecido que yo.” No lo sorprende que la frase de Caballos salvajes (“La p... que vale la pena estar vivo”) haya reemplazado a otras de su autoría (como la emblemática “Con este sol”, de Bebán en Juan Moreira), pero no elude el tema.

“La ignorancia explica, y no lo digo en un sentido peyorativo, es madre de muchos males. Nosotros tenemos que levantarnos todos los días y agradecerle a Dios por este país bendito. Que ha resistido tantos grados de mediocridad en su conducción”.

— ¿Por qué es bendito?
— Por la mezcla: tanos, españoles, árabes, moishes. Además, aquí llegó la información de la posguerra como a ningún otro país de Latinoamérica.

— A propósito, ¿ves televisión?
— No mucha; Tinelli, también el canal Encuentro.
“Bailando...” me gusta bastante. No tanto lo del ciego. Ahora van a decir que discrimino. No me gustó. Pero bueno, ellos saben más que yo.

— ¿Cuándo volvés al canto?
— En eso estoy. Tengo que superar una serie de problemitas físicos. Vamos a ver.

— ¿Escribís?
— ¿Canciones nuevas? Y para qué, si la gente no quiere escucharlas. Piden Fuiste mía un verano, Ella me olvidó... si no te empiezan a silbar. Aunque hace un tiempo le preparé algunas canciones a Rafael, para su disco El regreso. Quiero otro café (pide a Verónica Muriel, asistente y coautora del guión de Aniceto. Ella, con sutileza, le dice que no).

— Te reta.
— Nunca llegues a viejo. Boldo, no. Bueno, dame ese yuyo mezclado.

— ¿Te cuidás mucho?
— Y, si no... Hoy le digo a Puppy, mi hija: “Mirá que me quiero morir... déjense de joder, hagan algo”. ¿Sabés qué responde? “No señor, tiene que seguir aguantando. Por eso me mato haciendo gimnasia (señala la cinta, siempre sin dejar de sonreír).

— ¿Qué pensás sobre el conflicto entre Actores y Francis Ford Coppola?
— Hay que ser respetuoso con los contratos. Como norma y con orgullo, jamás le debí un peso a nadie. Yo amo a Coppola, pero El Padrino 1 y 2, eh, nada más.

— Pero así como hay actores que dicen: “Con Coppola, gratis”, otros podrían decir lo mismo con vos.
— Es relativo, porque aunque se apasione por laburar conmigo, si no te pago, si no te doy todo mi amor y ternura, con lo doloroso que es el camino del actor en la Argentina, estoy jugando en mi contra. Vos querrás trabajar gratis, pero yo no te necesito gratis.

— ¿Vas a hacer ruido con la promoción de la película?
— No sé, tengo alma de chimentero. Me gusta mandarle el material a Mirtha, a Polino.

— Con el Festival de Cannes, pensaba por qué Maradona con Kusturica y no Favio.
— El la puede hacer mejor.

— No te creo.
— Sí, yo hubiese empezado a volar y Diego tiene un vuelo propio. Es mi debilidad, es una de las tantas rarezas que acontecen acá, esos cuerpos que tienen inteligencia. Cada músculo es inteligente en él. Yo no podría apartarme del amor y el respeto que me inspira.

— ¿En serio?
— Te voy a contar algo, nos hicimos una foto en un teatro, él me mandó la suya autografiada y otra más para que se la firme. Nunca se la devolví, porque nunca supe qué decirle.

— Por ahí te animás a hacerla después de “El mantel”...
— A lo mejor...
(…)
Con música de Iván Wyszogrod y guión de Rodolfo Mórtola, Favio y Verónica Muriel, la historia se completa con dos bailarinas: Natalia Pelayo (del Ballet del Colón) y Alejandra Baldoni (del Ballet del Argentino de La Plata). Filmada íntegramente en un hangar de Quilmes, la nueva puesta realza las imágenes de la danza clásica (con sábanas reemplazando a los paisajes) que tanto entusiasman al director. Aunque con una salvedad. “En esta vuelta, cambia el triángulo amoroso. Es el tipo quien queda entrampao”, confirma Favio.