jueves, noviembre 29, 2012

La fe de Olave

Hay algo en la religiosidad extrema del arquero de Belgrano, que fastidia, molesta. Ayer, tras derrotar a Independiente, el arquero que había caído despatarrado quince días atrás con el salvaje y saboteador petardo barrabravista, para automáticamente levantarse por peligro a balacera, volvió a hacer referencia a nuestro Señor y a su justicia divina "que tarda pero llega", dispuesto a acallar esa tremenda injusticia que hace que algunos favorecidos puedan continuar con su partido, por "las manos negras de la AFA".
El mismo tipo que tildó de llorón a Javier Cantero, recuperó la energía y la compostura después de su glorioso triunfo. Y sinceramente, detrás de su queja, uno no puede evitar husmear un tufillo a no bancar al que se enfrenta a todo. Es que Olave, parece ser de la vieja escuela que rescata los códigos por sobre todas las cosas. Los barras son menos problemáticos que los presidentes solitarios que denuncian. Porque,  a no dudarlo, no hay término más futbolero que el de "buchón", buche o cualquier adjetivo que caracterice al alcahuete en todas sus formas.
En esto de realzar crisis institucionales que van de la política al periodismo, habría que decir que salvo cuando se refiere a gatos consumados en flamantes buenas esposas, los muchachos del balonpié, no se bancan las ideas que superan al vestuario. Ya lo imagino al bueno de Olave, aprovechando su salida de cuarteto y quedando bien con su entorno, casacas en mano o sueldo acordado, aval presidencial mediante. Si hasta las notas que surgen vía Fox, lo vuelven más fachero y más stone, al tipo que mérito a su primo Rodrigo, parece portar tarjeta vip del patovica San Pedro.
Claro que las puertas del cielo, son inconmensurables,querido Juan Carlos y acaso el ojo que todo lo ve, un día te escrache acciddentalmente, no rebotando del suelo después de una mala actuación (teatral, claro está), si no abonando por el aliento cómplice de barricada esos de paravalanchas nobles y santos, capaces de gargajear a cualquier desubicado que quiera arruinar el negocio del fútbol que sólo es una fiesta popular.