Abril de 2011, particularmente nos dio una paliza, más allá de lo vulgar que represente espiar las bondades de la ilusión por la ficción (llámese cine, escritura, salidas). En mi caso, ratificó la pequeñez del baile que me toca y lo frágil que constituye cuidar lo que se ama y conservarlo. Aquí está conmigo Gabriela, me dice el destino, hasta hoy. Aquí están tus hijos que se acomodan a lo absurdo de una carrera sin metas claras. ¿Qué podés hacer? ¿Qué les poder dar a ellos? ¿Qué sos capaz de cambiar? ¿Hasta dónde la voluntad alcanza para torcer el destino?
Abril me sacó un par de preguntas motivantes, pero la mortaja no sirve para tantos palos. Y encima, abril no terminó. No se termina nunca.
jueves, abril 28, 2011
Exámenes de abril
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