jueves, abril 28, 2011

Exámenes de abril

Sobrevivir a la cordura, al miedo por  la enfermedad ajena, al mango que se va y se va, al forzoso silencio que impone una vieja deformación profesional, con producto arcaico "para conducir" y la ilusión perdida (sobre todo, si transformar formatos, significa poco y nada). Abril es pesado, tiene siempre la puta costumbre de dejarme afuera de la feria del libro (a mi y a los míos), ya lo hace también el Bafici. Gozar del arte, no es para una familia que intenta constituirse. Máxime si la realidad se encarga de colocarte en una batidora que deteriora alma, físico, primero y finalmente salud.
Abril de 2011, particularmente nos dio una paliza, más allá de lo vulgar que represente espiar las bondades de la ilusión por la ficción (llámese cine, escritura, salidas). En mi caso, ratificó la pequeñez del baile que me toca y lo frágil que constituye cuidar lo que se ama y conservarlo. Aquí está conmigo Gabriela, me dice el destino, hasta hoy. Aquí están tus hijos que se acomodan a lo absurdo de una carrera sin metas claras. ¿Qué podés hacer? ¿Qué les poder dar a ellos? ¿Qué sos capaz de cambiar? ¿Hasta dónde la voluntad alcanza para torcer el destino?
Abril me sacó un par de preguntas motivantes, pero la mortaja no sirve para tantos palos. Y encima, abril no terminó. No se termina nunca.