viernes, marzo 31, 2017

Dos maestras

Jorgelina y Mariela no se conocen, pero tienen muchas cosas en común.
Enseñan adentro y fuera del aula.
El arte, el interés por los pibes y la solidaridad las pueden.
No se rinden nunca.
A Jorgelina, la música, los títeres, la literatura, además de su condición de madraza, la revitalizan.
Su pelo negro azabache y una sonrisa a prueba de bajones realzan esa habilidad que tiene para destacarse en todo y ganarse la confianza de quien la escuche en voz baja.
También cuando canta.


Por su lado, Mariela evita las medias tintas para las definiciones, celebra a los referentes que se expresan sin red, ama la pintura y hace de su lugar de trabajo un bastión de la expresión.
Aunque a veces no le den bola.
Se tiñe de vez en cuando y un rostro al estilo Tilda Swinton ratifica su encanto, aunque en Sarandí no tengan la más puta idea de quién es esa tal Swinton.


Las dos coinciden bastante, aún sin conocerse.
También esta semana, en su particular percepción de la realidad: Hay un dolor que las embarga.
De hecho, se expresan como quien tiene la certeza de estar perdiendo todas las batallas.

- "Debates internos. Soy maestra - cuenta la primera- Paré solamente tres días. Estoy trabajando. Parece que le hiciera el aguante a todos estos....."
- "Comentario del gremio...el paro se levanta, el conflicto queda abierto y a la primera paro de nuevo; provocación tras provocación, me tienen harta", reconoce Mariela.
Y uno sabe del proceder de ambas, del amor que le ponen a enseñar, de que se sienten solas, de que cada escuela, sea cual fuere sus condiciones, ahí las tiene a las dos haciendo magia, contra adversidades varias.
Mariela eligió las redes sociales para retractar la movilización constante de sus compañeros en reclamo por mejores condiciones salariales, durante los días de paro.
Hay fotos que la muestran sonriente, como quien entiende que el sentido común primará por encima de las políticas agresivas y que el rol sagrado en su tarea, finalmente será compensado como corresponde y destacado por encima de los advenedizos gendarmes, policías y pitufos; nuevos niños  mimados de la sociedad. (¿Serán ellos la variable que indique la mejora social en el empleo?)

Su energía, según se sincera, se ajusta a la desazón compartida con Jorgelina.
-"Va decayendo, no te creas y esquizofrénica como soy, mañana laburo en la privada", comenta casi con verguenza la profesora de arte.
-"En mi escuela el 90 por ciento votó a MM, dos hacen paro. Yo lo hice tres días. Cuando fui, no faltó un nene. Tienen siete, están aprendiendo conmigo desde el año pasado", explica la morocha, sin dejarse amedrentar por el presente. "Tampoco confío en los dirigentes gremiales, pero...ponele que los banco. Ya sé. Mi posición la muestro en el aula. No es que estoy mal. Pero hay como una tristeza en la escuela...."



Mariela y Jorgelina nunca se ajustaron ni a la contingencia, ni a los límites instaurados por la superestructura de la Educación. "Soñar es resolver asuntos increíbles en espacios posibles", comparte una, mientras su colega elige un artículo de una escuela precaria para coincidir en el mismo mensaje: "Cuando el sueño de ser docente no lo destruye ni las peores carencias", es su titular.

Las muestras de los pibes del secundario de Mariela, llevando los cuadros de Van Gogh o animándolos a hacerse autorretratos, parecen un lujo en tiempos de maltrato o indiferencia.
"Un prejuicio es un tornillo que se instala en el pensamiento y actúa sobre la mirada", sugiere entre tantas frases dando vueltas, sentando posición.
Igual la indiferencia las cansa. Jorgelina acepta que es la esperanza y la belleza el camino a transitar. "Por eso fui a trabajar pero explota por todos lados. Somos padres, NO SE PUEDE VIVIR SIN ESPERANZA" - define así, con mayúsculas-, yo tengo que transmitirla. Tengo que hacerlo".
Difícilmente sean convocadas a Intratables y es probable que la buena de Heidi le descuente los días. Seguro que nunca les verá las cara.
Ojalá que la pasión y las tantas coincidencias que comparten, en algún momento también las encuentre.