jueves, enero 19, 2017

Piedras y botellas



















Todo es al pedo. No es una botella, si no 44 mil y pico tiradas al mar.
Estos post, más sus aparentes lecturas.
Una piedra contra un vidrio al menos hace ruido, genera un cambio
¿Qué pueden hacer miles de botellas en el fondo de la nada?
Se acumulan o la misma marea las va expandiendo para sostener la normalidad.

Voy cagándome de calor rumbo a la estación de tren, preguntándome todo esto cuando la realidad impone su propia voz.
"Y si encontrás una bolsa llena de paco...", tira el vago a su compañero de nariz de boxeador, los dos en un banco de cemento.
Siete u ocho pasos después, me cruzo con un cana, de esos de combate, tiene la misma nariz que aquel vago.
Hay pibes de gorritas cobijados en la plaza, quizás dejando correr las horas del insoportable verano y su siesta, uno con el celu suelta "Decile que no venga, que mi viejo me pidió que me quede con él", propone el pendejo.
Una tipa que seguro por la hora dejó el laburo, juguetea con el pico de la mineral en su boca, mientras se dirige a la parada del colectivo.
"Lo que pasa es que empezó con su negatividad", le cuenta en voz alta a su compañera.
Yo anoto como testigo una botella más.  
El vidrio del negocio de muebles deja entrever los cuadros naif de nuestra existencia pobre: típicas frutas de naturaleza muerta, típicas flores de Van Gogh.
Una botella haría un buen estruendo, pero no. Me la guardo en esta libretita para el inminente post nuevo.
Una más al fondo del mar. Como un falso mensaje.
Todo es al pedo.