miércoles, octubre 12, 2016

Los vampiros de Jarmusch, como alas del deseo

Si la vida no nos castigase tanto con sus vaguedades virtuales, si pudiésemos detenernos un rato para gozar del cine, así nomás o porque sí, diríamos que "Sólo los amantes sobreviven", película del querido Jim Jarmusch, resultaría algo así como una precuela de aquella de culto de Win Wenders, pero en formato 2.0, millions o como gusten llamarla.

Y ahí están Adam y Eve transcurriendo su existencia entre zombies (nosotros, la humanidad), el arte y la necesidad sanguínea de su supervivencia.
Y la encantadora de Tilda Swinton encarna la sabiduría femenina desde una siempre derruida, pero no por esto menos atractiva querida Tanger.

Y leí por ahí, que el director de "Stranger than Paradise", se inspiró en un cuento de Paul Bowles, para contar esta historia romántica de dos solitarios con un Universo que le es más indiferente que esquivo.

Y ahí están los rockeros intentando inmiscuirse en los proyectos del gótico de Tom Hiddleston (Adam) y en él vemos a íconos musicales, celosos de su talento, original aunque lógicamente esquivo a la fama peligrosa. Con la salvedad, claro está, de que el tipo guarda consigo una sabiduría que no entiende del paso del tiempo.

Y también se cuela la ex Alicia, Mia Wasikowska, (Ava) quien no entiende de códigos ni de sentidos comunes de la pareja en cuestión, cargándose al zombie de confianza de Adam y llevándoselo a mejor vida, porque "la tentación urge" y la sangre, también.

Detroit supera en deterioro a la ciudad marroquí y el cineasta lo sabe y lo denuncia. Hay un espacio imponente y artístico que supo ser museo o cine y ahora se sostiene como playa de estacionamiento.
Amigos de Avellaneda, podemos dar fe de escenarios similares.
Seis cines en un radio de siete cuadras quedan guardados en nuestra memoria. Su ausencia explica también por qué la ciudad nunca volverá a ser la misma.

Y dan ganas de discutir cada cosa que hoy hacemos mal o dejamos de hacer.
Hay un cablerío berreta en ambas ciudades, de colgados e improvisados electricistas que irritan a este Dedalus o Drácula imaginario por desprolijos.
Un planteo final sobre la proporción del agua en nuestros cuerpos, en el planeta, suponiendo una próxima pelea global que reemplace la del petróleo.

También está John Hurt,  (Christopher Marlowe), isabelino dramaturgo y no reconocido autor de las obras de Shakespeare, que provee del elixir vital a los jóvenes protagonistas.

¿Por qué pensar en las Alas del Deseo?
Quizás porque los casi 30 años que separan esta historia de aquel film (En realidad, Sólo los amantes es de 2013, pero arbitrariamente y porque la vi hoy se me ocurre tal paralelismo) se acercan al momento de pensarnos como sujetos.
Pensar el sentido de la vida, desde la inmortalidad o desde lo efímeros que somos, en los banales que podemos ser nosotros, o el mismo paso del tiempo, de sólo permanecer.
Y como antítesis, atender aquello que perdura: instrumentos hechos con particular cuidado, canciones, composiciones.
Y por qué no, algo tan atractivo como necesario para la querida Tilda-Eve: "bailar".

Hay una escena de Las Alas que celebro siempre y es el momento en que el ángel (Bruno Ganz) cae en la tierra para concretar, paradójicamente, su obsesivo sueño de hacerse mortal.
No es sólo el efecto que elige entonces el director alemán, de reconvertir el film del blanco y negro (o gris, en formato Berlín) a colores intensos. Es encomiable ese momento, ciertamente. Pero lo que sucede con el recién desangelado de Bruno es que el tipo...sangra.
Consciente o inconscientemente Jarmusch toma del sentido vital de los humanos, del rojo líquido que nos recorre y nos determina, un valor que excede las preguntas realizadas por el ser de Transilvania que imaginó Bram Stoker y que el director yanki de pelo plateado intentó resucitar, a su modo.
  
Jim recorre y se pregunta y nos provoca con sus criaturas eternas acerca del por qué y del para qué.
Bah, como hace siempre.
Las respuestas pueden ser efímeras como el mero hecho de permanecer.
O trascender, sangre mediante, a posibles encantos que el devenir siempre tiene para ofrecernos.