jueves, diciembre 10, 2015

Ella y la plaza

Ayer, otra vez la gente acalló las contradicciones. Esas que varios post atrás uno caracterizó de Cristina, cuando le reprochaba su pifie electoral.
La última plaza del kirchnerismo cerró tan encendida como otros durantes. Como la manifestación espontánea de miles cuando murió Nestor Kirchner, como la autoconvocatoria generada durante el Bicentenario.
Ayer éramos (fuimos, aún en ausencia, pero como espectadores comprometidos) un montón. Ni Mauricio colándose en TN desde un cuadrito perdido felicitando a Rodríguez Larreta, bastón en manopudo silenciarla. Sí, a ella, a la Yegua, según escribirán seguramente los tataratara de la familia Mitre, rediseñando nuestro presente.
 "A los ojos de los jóvenes no los miro, porque en ellos me veo yo", o la transformación en Calabaza después de las 12, exudó más creatividad desde un discurso espontáneo que el mejor constructor de imagen krispado.
Vamos a ver qué será reirse de si mismo en este #paisdelalegria, como me gusta describir pensando no en lo que viene, sino en lo que ya está (Pinedo mediante)
Me dieron ganas de estar en la plaza, incluso con mis últimos reproches a Cris.
De hecho, como un bobo, el sábado la escuché en Don Bosco, con el Roca detrás y Florencio cerca y volví a conmoverme. Sí, viejazo ya sé.
Hace cinco años nada menos mi hijo que no era adolescente pensaba que lo jodía cuando la noticia del final de Néstor arrancó (vaya a saber cómo) varias lágrimas internas.
No, no fueron de militancia, lo reconozco, si no de pensar "puta, en este país siempre hay que barajar y dar de nuevo, lo bueno dura poco, por qué no se murió tal o cual hijo de puta, etc".
Bueno el sábado en esa estación sureña transmitida desde un canal público, luego del siempre (o hasta ahora) equilibrado Visión 7 Internacional, la tipa nos/me dijo que somos dignos. Que por eso hay que pelear.

Hasta ayer, la batalla parecía desigual: todos los medios a favor, todo el sistema judicial (y abogados rasos en general, también) todos los bancos, toda la seguridad, toda la gestión clave, quedarán unificados en un solo signo político.
Algunos programas que uno escucha ya empiezan a amplificar la mirada frívola de todo. Se empieza a "desideologizar el país", como le gustó decir a la flamante canciller de Macri.
La grieta se transforma en montañita, o en hongo, para mejor decir.

El sábado, vuelvo, Cristina recordó aquella idea que bien recuperó un blog de Anfibia, días atrás "tengo la obligación de ser optimista" (http://www.revistaanfibia.com/ensayo/fuiste-un-lujo) frente a David Viñas.
Por eso cuando sugirió no bajar los brazos, uno sintió cierta desazón. Hacen falta más que brazos para pelear por lo que ya está entre nosotros para regir un país proyectado desde el mercado.

De todos modos, ver a Evo, ahí solito de entrada junto a ella, a mí me alcanzó.
En él confluye esta tierra que a muchos abuelos concedió su lugar. En él se resume además, la paciencia, la fortaleza, nunca la entrega. Los chistes fáciles de sus detractores ratifican que a esta país le falta mucho para constituirse en la América múltiple, la de la convivencia, la del entendimiento, la de la inclusión.
"El obrero", como lo nombró Cristina, cediéndole a Néstor el rol de intelectual en aquella cumbre (mejor pensarlo más como animal político), no quiso abandonarla en el final.

Ayer, con las puteadas que la chusma esperaba que Cristina apague "porque eso no es democrático", los cantos que ya son nuestros (sin promoción biónica), las banderasentucorazón, bien Indio Solari, ayer "se fue", "nos dejó", "terminó", elijan el verbo que quiera.
A muchos sus ojos jóvenes, nos devolvió una esperanza, capaz de limar el desencanto, el que se vayan todos, el país desigual, el discurso del enano facho que llevamos dentro, el capitalismo egoísta.

Hoy los analistas bucearán en las tapas de diarios que no la/nos muestran, en las agencias rescatando y amplificando un textual del Isidorito presidencial.
Los tiempos, la historia y los K, queda claro, son otra cosa. Casi como soñarse joven, a la hora de pensar un mundo revolucionario.
Veremos como #elpaisdelalegria es capaz de superar el concepto de "la patria es el otro", la grieta es, precisamente, no internalizar semejante idea.