lunes, noviembre 09, 2015

Rockear, la mejor clandestinidad

La mano viene fulera, qué novedad. Habrá que salvaguardarse.
En este sentido, las últimas lecturas y una recurrencia musical involuntaria y persistente que surgió, aparentemente de la nada, me llevaron a concluir que lo mejor que puedo hacer de ahora en adelante, al margen del post 22 de noviembre es rockear de verdad.

Claro que sin tocar ningún instrumento, habrá que desplegar todo el ingenio. Y más.
Las ganas arrancaron después de varios meses pispeando de costado, pero terminándolo en octubre el libro de Sergio Marchi, Room Service.
Ahí, además de intentar comprender cómo tantos tipos sobrevivieron a tanta batalla, a tanta ingesta, al vértigo de lo que parece una época irrepetible (mentira, todas lo son), plasmaron su arte, mérito al talento y a la tozudez. Es cierto, hay muchos que ya no están para contarlo y ocupan varias páginas en tal sentido, pero su potencia permite comprender por qué las canciones perduran, más allá de las reglas del mercado.



Encima, el documental sobre Keith Richards facilita mi perspectiva rockera, el tipo está vivo para contarlo. Honra a sus maestros, goza del camino que le tocó cruzar, pero sin hacer alarde y toma lo que le sirve, como quien debe conservar lo elemental para su equipaje.
Nada más prolijo, para una clandestinidad que saber ser selectivo.
En relación a esto, tengo claro que rockear me eximirá de la macrista Queen. No porque Freddy y los suyos merezcan el destierro, pero tantos elogios encomiables de parte del ex jefe de gobierno porteño, se corresponde con el efecto publicitario que uno percibe en cada gesta heroica al exponer el remanido y acompañamiento de fondo de videos del "We are the champions"
Chempions, las pelotas.

En cambio, me quedo con los tipos de La canción es la misma. Imposible rescatar el cine Lara, para verlos pero sí, elegirlos para subir el volumen con todo, terapia vivaz ante el acotado y explícito Cambiemos.
Led Zeppelin resuena en mi bocho y hasta me devuelve a los años de carniceros y fierros, de autos naranjas y pelilargos prepotentes. Grasas, mersas, describían en el barrio.
Al momento de entender, lo siento: Hipsters abstenerse.
Baby, I ll gonna leave you now, (https://www.youtube.com/watch?v=umBYTR1-PZY) grita Robertito Plant y yo entiendo que volver a esta canción una y otra vez apunta directamente a ella. No, no es a Cris, a quien emparentan ustedes, como letanía impostada con la i griega. No.
Baby es la patria. O alguna somera (o ramera) idea de lo que creo que significa.
La dejamos por un rato, (a la patria, sin mayúsculas, como uno la concibe) hasta que algún viento despeje la humareda de putrefacción ciudadana.
Esa que me dice nuevamente cómo debo reconocer lo bueno y lo malo. Y que, en lo malo, uno siempre puede estar más cómodo.
(A propósito recomiendo un reportaje a Mohamed Alí, hablando de lo negro y lo aprendido, es del 71)

Una salvedad con el rock y el lugar de uno, ratifico que el paso por el mundo laboral, siempre será una quimera. Ejemplo: aquella mesa laaaarga que simuló compartir JF en su empresa editorial. Mesa larga de cafés fríos, vasos de agua escasa. Sin libros, ni lapiceras, ni picadas, ni fotos, ni recortes desprolijos.
¿Se puede pensar que en ese ámbito solemne de pseudo editores puede ser considerado periodismo?
Como sea, a pelar erguido como Plant, al compás del hipnótico repiqueteo de cuerdas de Page y la contundencia de Boham, para que la clandestinidad ceda el escepticismo al embrujo de la banda loada.
Y nos proteja, claro está.



Pero tengo más. Hay otro texto que se cruzó sin querer en la feria del libro del barrio. Es de Norberto Cambiasso (ignoro si tendrá que ver con el Cuchu, Nico o Adolfito) pero el tipo se mete con aquel rock progresivo inglés y aprovecha las diferentes tendencias y formatos de entonces, para contrapesarlo con la situación económica de las Islas. Interesante para comprender que, además de la cuestión de la post guerra, los sonidos de la cuna del rock repercutían lo suficientemente fuerte como para que la crisis quedase, cuanto menos, disimulada.
Según Jeff Nuttall, músico y artista citado en el libro: "Hubo un desplazamiento entre el 66 y el 67 de la poesía, el arte, el jazz  y la política antinuclear al sexo y las drogas (...) Fue la llegada del capitalismo. El mercado vio que a estos revolucionarios se los podía poner a raya, dándoles sus bienes de consumo: música electrónicamente amplificada y narcóticos (...)Pensé que teníamos que invadir los medios, pero juzgué mal su poder y complejidad. Los medios desmantelaron todo el asunto (...) Y esto pasó en 1967, justo cuando parecía que habíamos ganado". Any question?

Me tiento, sólo por cuestiones de gustos personales, a interrogar a la década ganada, en relación a la evolución de otros géneros en nuestro país. Ritmos que remiten a lo latino, pero en formato híbrido, antipáticos para la formación o la elección de uno. Me tiento, pero se lo dejo a los krispados, que bien saben sacar vino de las piedras, con tal de palear al "gobierno popular". La multiproducción de tango y folklore, me cerraría el pico, lamento no ser lo suficientemente culto en tal sentido, para desarrollar otra hipótesis que conforme a la militancia. Aunque como el Flaco, yo también lo quiero a León Gieco de presidente. O a Santaolalla.

Mi condición de tipo de Buenos Aires, principalmente más sarandinense que porteño (aunque oriundo de Berazategui) me lleva con mis 50 a cumplir con la media del que creció con rock nacional (o progresivo), especialmente, además de las inevitables influencias musicales promovidas en radios y medios varios.
Sí, puedo decir que en estos últimos años, el rock nuestro dejó de serlo o sucumbió por razones diversas. No obstante de ello, otro buen colega, Marcelo Fernández Bitar, se ocupó de alentar y advertirnos que no es tan así. Su reciente e indispensable 50 años de Rock en Argentina, habla a las claras del kilometraje extenso de nuestros artistas. Acaso promovidos en algún momento y castigados por el establishment en otros. Si a los artistas del norte les pasó, aún con las dividendos que generaban, por qué no a los nuestros.
Pero de rockear se trataba este post, que puede aburrirlos, aunque mi único propósito desde este blog, no se agota en ser un amable entretenedor...únicamente.
En estos vaivenes sin recorrido aparente, pero retomando la cuestionable y tristemente célebre idea de clandestinidad (y ya sabemos cómo les fue a los muchachos en tal sentido), apelo a la música porque entiendo que el arte nos preserva. Ya verá Macri y sus secuaces lo que les pasará cuando el arte ataque.

Ah, Cuando el arte ataque es una canción del Flaco con Fito, por si la desconocen.
Se que hoy me desperté para contar/Para contar cada momento sin tu amor/Quién resistirá (cuando el arte ataque)/Quién resistirá (cuando el arte ataque).
Tu corazón tiene el sabor designal / Estás haciendo una cazuela de mi/Quiero la mitad/de tu astral errante
Y sin embargo me dijiste ya lo sé, ya lo sé/ No sé si acaso te quisiste ya no sé, ya no sé
Yo sé que siempre fui de abajo/Me dormiste, me tupiste y me dejaste caer/
Porque las cosas siguen así/Como la historia que arrasó con el Peru/Quién resistirá (cuando el arte ataque).
Quién resistirá (cuando el arte ataque)
En esta zona el paraíso esta con vos/Y entre tus cosas solo soy un yo-yo/ Quiero la verdad (aunque estés llorando)/Se que siempre me perdí con tu querer/Yo se que siempre me perdí con tu querer/Quien resistirá (cuando el arte ataque).Quien resistirá (cuando el arte ataque).

Por supuesto, para eso uno se prepara, para rockear. Otro sujeto, sumo a esta lista y acaso engualicharse puede ser, como decíamos al principio, el mejor salvoconducto. Vía Jim Jarmusch, primero, vi que el rock guarda una energía que excede lo musical (de ahí, insisto, este post) En Stranger than Paradise, ahí viene la piba húngara con su grabadorcito y una voz cuasi diabólica acompañándola hasta la casa de su primo, que la albergará durante diez días. La historia hace honor al cineasta, pero la canción merece otra atención.
 "I Put a Spell on You" fue popularizado por Creedence, entre otros pero pertenece a Screamin' Jay Hawkins (https://www.youtube.com/watch?v=7kGPhpvqtOc) El tema figura en la enciclopedia 1001 Canciones Que Hay Que Escuchar Antes De Morir y la justificación de la misma es clarita:
"Es una grabación realmente extraordinaria, tildada de canibalista y prohibida en las emisoras de radio cuando fue lanzada en 1956 poro Okeh, el sello de rhythm and blues subisidario de Columbia Records. La banda que influía al saxofonista Sam The Man, intereptaba un fondo de vals teñido de blues mientras el ex boxeador Hawins gemía y aullaba la letra.
Si llegaron a esta parte del post y siguieron con atención las propuestas sugeridas para mantenerse a resguardo, no me podrán negar que como primeras provisiones para mantener el espíritu bien alto, no estamos nada mal.
Que lo aprovechen.
Y larga vida
(o hasta la victoria siempre, como mejor les guste)