martes, junio 23, 2015

Temeridad del invierno

Temeridad: imprudencia, osadía, atrevimiento, audacia, irreflexión, riesgo
Otros significados también aparecen en las siguientes entradas: ardimiento - arriscamiento - atrevimiento - audacia - barbaridad - disparate - guapeza - imprudencia - intrepidez - irreflexión - prudencia

En esto de priorizar el juego de palabras al momento de arrancar, antes que los hechos, surgió temeridad, para sacudirme el avispero.
Van tres días de nuestro winter, pero su factura llegó antes.
No por las inclemencias del tiempo, ni por las pestes. Los alérgicos ya estamos curtidos desde hace rato en los síntomas (lo que no quiere decir que las aceptemos); es que éste invierno en particular va cincelando nuevas marcas en cuerpo (y ¿en alma?) se podría decir.

Durante los primeros días de junio, mientras el interés social, del que no estoy ajeno, se debatía acerca del renunciamiento de Randazzo y las Paso, otra grieta comenzó a zanjarse por estos lares.
¿Adolescencia de los hijos? ¿ratificación del lugar más antipático que toca en el rol de padre? ¿síntomas de debilidad que dejaron de subyacer para acompañarme desde la superficie en el día a día?
Bueno, todo junto.

Mejor muestra de esto se evidenció una semana atrás luego de renovar el documento.
No es para deprimirse, todos sabemos cómo queda uno retractado en un ámbito oficial. Pero la rigidez del rostro, me reveló que algo no está del todo en regla.
Como cuando te prestás al juego de la aplicación que fotoshopea tu cara para exponerte sin anestesia, respecto de tu inminente vejez, con un escueto "así serás en 20 años".

Acaso en el nuevo tránsito de enfrentar las cuestiones de la vida, la risa quedó relegada involuntariamente.
Cómo si se me hubiese caído por el camino.
De pronto, lo ameno de los diálogos compartidos con el entorno, devinieron en formalidades, esporádicos, distantemente absurdos. Ahí es cuando un servidor ratifica que, más allá de buscar responsables y embanderarse en lo racional para señalar culpas ajenas, "habría algo que no estaría haciendo del todo bien".

Y por azar o por saludable descuido "temeridad del invierno", surge para explicarme el error de anexar temor con frío. Si la definición de los amigos de la web no falla, nada más lejana la idea de temeridad con el lugar indeseable que me otorgó esta nueva grieta.
Porque ¿qué sería temeridad del invierno? ¿imprudencia entre tanto frío? ¿cómo volverse irreverente cuando el clima condiciona tanto para ponerse en movimiento, potenciar la energía en próximos proyectos, redescubrir el calor humano, aumentar las salidas?
Porque acá no hay mucho secreto, no es ninguna ola polar, ni la escarcha del conurbano lo que afectan gestos, ni neuronas.
Acá hay otro invierno que frente al desarrollo y el crecimiento de los hijos, presupone un incipiente aceleramiento de la vejez de uno.
'Ehh, che, no es para tanto, patriarca pajarón', sería un reproche de cualquier amigo distraído que me quiera bien.
Y tendría razón, temeridad, vino como de la nada, para que este juego de la escritura me confirme que, a pesar mío, los dedos conservan una temperatura ideal para sacudirse en el tablero.
Para reflejar un pensamiento más potente que la esporádica presbicia que jode por momentos y me hace titilar el ojo derecho (patetismo bien exagerado ¿no?)
Con todo, mi atrevimiento continuará en otro texto (que espero sea literatura en cualquiera de sus formas estandar posibles), donde cuatro amigos están muy lejos de soñarse beatles, pero aún así, hay nobleza en su voluntad por compartir juntos una etapa irreemplazable.

Pongo, entonces, en manos de la temeridad que me ofrezca esta fría estación (con la saludable obligatoriedad de hibernar para acumular energía) la chance, no de debatirme con mi grieta familiar, pero sí al menos la
de revisar el sendero que, en algún momento, se quedó con mi alegría. (la facial, al menos).