lunes, noviembre 10, 2014

El paso...

del tiempo, el enojo fácil, también el silencio, la vista nublándose, los por qué sin respuestas rápidas. El palabrerío, las faltas de argumentos y un emperrado capricho en no darlos. Porque fue, porque ya pasó.
El paso del tiempo, la modorra por proyectar un laburo nuevo y la impotencia por no cambiar el propio, el presente. La respiración binorma, lenta o agitada, nunca precisa. La templanza simulada.
Los sueños eróticos guardados a hurtadillas, para no sonar demasiado adolescente o dirían hoy las feministas, zarpado, discriminatorio, desubicado.
El desinterés por las fechas festivas y los cumpleaños. El paso del tiempo y el sueldo que nos va abaratando. Si no disputás poder claro, o no andás en esa adrenalina que como buscando savia te estimula a ir por más. No es mi caso, me gusta pelear pero el ir por todo a veces me suena utópico y otras, mafioso. Según quien lo expresa.
El paso del tiempo condena los grises y el futuro no da para imaginar todo arcoiris, más bien tonos básicos.
El paso me lleva a suponer la pasión por la escritura, hasta que la pantalla me dice lo contrario. Que hay otras ventanas por abrir, tuits por espiar, desafíos facebukianos, un par de noticias para encularse y otras tantas para laburar. El paso convierte mis libros favoritos en un sepia hogareño y uno quisiera alguna vez releer ciertos capítulos con alguien, discutirlos, como el último sábado, cuando mi amigo Jorge me contó lo de Fitz Roy ¿Sabés que edad tenía cuando era capitán? ¡¡26!! y el número me remitió al "prodigio" Lanata haciendo Página. El paso del tiempo premia a los jóvenes notables, Rimbaud, los dos citados, Cobain, Joplin, Beatles, el Che.
Como contrapartida uno puede pensar en Laiseca, en Bayer, el mismo Kundera de ahora, o Bowles.
¿Y en el medio? o mejor dicho ¿y en el principio del fin? En el principio del fin hay muchos, pero como es la generación activa despidiéndose, la creatividad oscila, se expresa en grageas, hasta que se enmudece. O se recuerda tardíamente.
A mí, me pesa por el hecho de ver a mis referentes grandes, ojo, los rockeros, ya calvos, las arrugas disimuladas de Araceli, los retoques vergonzantes de quienes se dicen divos/divas.
El paso del tiempo es experiencia. Y experto suena a entendidos en la materia. Igual, cuanto más entiendo, más callo, menos pregunto.