jueves, octubre 02, 2014

Octubre: de regreso, sin estandarte

"De regreso a Octubre 
(Desde Octubre) 
Sin un estandarte de mi parte... 
Te prefiero... igual, internacional"

No hay voluntad redonda en mi octubre doméstico, ni revoluciones rusas, ni cambios profundos. Hay, sí, noción de debilidad. Por ejemplo aquella máxima que uno se inventó en la postadolescencia, no existe más: "No sé si seré buen esposo, pero si de algo estoy seguro, es que sí seré buen padre".
Bueno, la teoría que redobla las carencias del pasado para reconvertirse en modelo ejemplar de paternidad, se apaga con lo cotidiano.
Las discusiones con Cata, mi falta de comprensión sobre cuál puede ser el mejor comentario para Saverio, hacen que uno asuma un rol de arrepentimiento y posterior reproche/reclamo a los hijos, como quien trata de corregir los errores con un rápido "perdón, ya está".
Lo que quiero decir es que no soy un buen padre. Miro atrás y tengo data para justificarme, ausencia del biológico, padrastro bravo, hasta los genes ancestrales podrían excusarme. Pero no. No soy buen padre y por mérito propio. Hay broncas que no controlo, respuestas que se sueltan de mi boca y antes de pronunciarlas suenan inútiles o bobas. Hay vericuetos de la rutina que no termino de saltear o superar.
Los libros, en tal sentido, quedan muy cortos o son ajenos a lo que uno puede hacer y la falta de ideas se corresponde con hábitos mecánicos que vuelven una y otra vez para recordarme con que "estar de paso" no siempre es suficiente estímulo para llegar más lejos.
Ahora, en el último y arbitrario párrafo, uno suele sacar de la galera una motivación, un desafío que vaya detrás del cambio. A veces resulta, otras es un consuelo.