jueves, julio 24, 2014

Ventanal vs. un show mas

Las milanesas y hamburguesas del bar platense tardan en llegar. Por fortuna la pantalla de Cartoon relaja a mis tres fieras (dos propias, una invitada) que sacian su ¿nada? con un Showmas. He ratificado una certeza, cada vez que un aparato se enciende, los míos responden a ton
o con esa energía, catódica o no y se alegran.
Del mismo modo que cuando deben relacionarse con el mundo real, las risas son inversamente proporcionales al sujeto en cuestión, hecho que se exacerba, si él /los sujetos tienen algún tipo de parentesco.
Ya sé, preadolescencia. Como sea, yo me quedo con la imagen de la moza flaquiiita, calco de su madre ¿la dueña? y un ventanal enorme que, a mi pesar, me recordará a mi padre y su pregunta dejavú: "¿Y qué esperabas que me quedara frente a la ventana viendo como se me pasa la vida?"
Y la ventana que negó ahora es mía, es platense porque se me ocurrió por cuarta vez ir al museo de Ciencias Naturales a descubrir vaya a saber qué explicación racional sobre los huesos. Considerando que uno está más próximo que la muchachada a devenir en esa forma. A pispear dinosaurios que se volvieron mainstream en la vida de uno, mérito del para mí poco fiable Steven Spielberg.
O a pensar en el bocho de los tipos que embalsaman animales (¿taxidermia? o algo parecido); a dejarse llevar por esos pasillos fríos; a mirar el Bosque de La Plata para pensar por qué carajos no estudié en esta ciudad y responderme que el gris de la aldea de las diagonales, eran demasiado, contando mi ventanal y mi sarandisito.
Y aquí estoy, con la milanesa a cuestas, con los pibes satisfechos proponiendo un vamos, para la próxima redada virtual y yo cumpliendo con el escaso ritual que exigía ser un padre abnegado y sacar a pasear a la jauría como dios o la culpa de padressícomprometidos manda.
Y entonces llego a la cuenta que la falta de reflejo que es sinónimo de libertad para uno, dista de acercarse a ese espejo que a los pibes se les planta para embobarlos o volverlos héroes de play, mensajeros de whassaps, clickeadores de celulares o portales que los capacitarán para futuras tragamonedas. Y, como mi comentario debe ser bien reaccionario, permítanme el derecho a imaginar la muerte generacional y los herederos, demasiado ataviados con sus rumiantes juegos, imposibilitados a realizar nuestro trámite de defunción. Ja, me salió bien Violencia Rivas.
Y acaso, entre tandas, uno relojee su blackberry para saber si hay algo nuevo de su equipo fa
vorito, un mensaje que nos diga algo más que una ventana, donde el afuera se vuelve insostenible, sólo por la recurrente comodidad de un adentro que cobija.
Queda una esperanza? Puede ser...levantarse y alejarse de la ventana, romperla o lo más complicado abrirla para que la brisa de estación, devuelva el sentido de esa moza que es macanuda, de esos dibujos animados, delirantes pero ingeniosos, de estos chicos que se animan a responder un improvisado y arbitrario "preguntados", sin ayuda del face.
- ¿Y a vos cuál fue el momento que más te gustó del Museo?, me pregunta mi hijo.
Y sí, hay esperanza.