jueves, junio 12, 2014

Previa, desahogo y abrazo eterno

Fueron cinco las vueltas que di el lunes por la fábrica de Ducilo, ritual que encaré poco antes del descenso de Independiente y que, por semanas, sirvió como desahogo, acaso para calmar ansiedades (futboleras y de las otras), buscando claridad mental, templanza al alma y por qué no, un artilugio espiritual para que encarrilara la ilusión, transfigurándola de pesadilla a algo posible.
Así, agotado, el día siguió con el trabajo. La noche del martes no iba a ser dominada por el insomnio, pero entre sueños, pensando en el partido del miercoles a las 14, surgió un juego matemático ridículo, no fueron 42, si no 43, los partidos que mi equipo debía sufrir para volver a la normalidad. 43, me dije, los goles de Erico, la cifra mágica que el paraguayo alcanzó en un torneo y que no transgredió para seguir recibiendo las bondades del auspicio de entonces (los cigarrillos 43/70). Buena señal.
Por la mañana tenía en claro que me correspondía otra misión, sacarnos la mufa hogareña. Después de sufrir el domingo con Saverio en casa, malhumor antes de Patronato, durante y después, entendí por fin que ambos le dábamos demasiado peso a los embrujos que sobrevolaban y atentaban en contra de nuestros deseos. Sin decirlo, los dos conservamos latentes en nuestra memoria, aquel partido con Argentinos Juniors, donde el Tolo cobárdemente sacó a los 28 minutos del segundo tiempo, a nuestro hoy deudor moroso Gordo Núñez, lo que derivó que el 31 se transformase en un 3-4. El odio que nos quedó de aquel día, no logró remediarse, ni con la también sufrida Copa Sudamericana ganada por penales.
A esto, en esas esporádicas uniones futboleras, se agrega el 0-4 de la selección de Diego. Aquel día mi hijo lloró por primera vez, por culpa de la redonda.
Por suerte, después fuimos alternando buenas y malas, una goleada a Peñarol en casa, que nadie nombra y recuerda, un triunfo al Liverpúl yorugua, el partido que en la B dimos vuelta contra Crucero en casa, donde vimos a Pisanito ubicándola perfecta, desde la posición de número 7, el mismo puesto de Save. Empate con Banfield y no mucho  más. Sucede que los triunfos esporádicos del Rojo, los vivi en soledad (San Martín y Defensa en casa), bastante el karma de cargarle tamaña a herencia, hizo que evitara arrastrarlo en este insólito sufrimiento personal. Insólito porque creo que me fui haciendo más hincha del rojo, de más grande. Acaso fiel a una muletilla que me inventé y que refiere al pasado. El pasado me habla siempre, para hacerme mejor persona y seguir proyectando. Algo así.
Lo concreto es que son las 13.15, Saverio ya volvió del Poli, yo entro a las 17 y el partido se demora media hora más. "Vamos a vivirlo en serio", le propongo. Para luego armar un insólito escenario hogareño. Sacamos las banderas, nos calzamos las camisetas, apelamos a magias delirantes como sumar el muñequito de Assasins Creed, un duende que me regaló una bruja de Semanario. También pelo el disco El Salmón de Andrés. (Iba a ser El palacio de las flores, donde Calamaro alude al rojo, pero casi con melancolía, en cambio, El salmón que va contra la corriente es más acorde), sumo mi libro de cabecera de Burgess, saco la remera de Cata de egresada (roja) y la coloco en una silla, como para que esté presente y espero que Gabriela se sume al segundo tiempo, para acompañar el desenlace.
Nos sacamos un par de fotos de rigor, malas, como siempre. Y sentados iniciamos el calvario.
"Vamos rojo", es el grito que me impuse y transfiero a mi hijo, cuando comienza a rodar la pelota y él (pobre) comparte y acompaña, dispuesto a acabar con todos los fantasmas de este juego que nos abraza.
Hay dominio de la situación allá en La Plata, un relato que volverá a irritarnos, con su parcialidad Maximiniana. Nadie podrá demostrarme lo contrario de que los alcahuetes de Máximo Kirchner, racinguista enfermo, evitaron siempre los elogios a mi equipo, ensalzando mediocres rivales y obviando imágenes favorables a Independiente, a fin de recibir un mejor subsidio.
Acompaño el proyecto K, pero su arbitrariedad futbolera, habla a las claras de ciertos manejos turbios que no voy a tolerar y que, también me alcanza para despegarme con otras críticas del mote de ultra.
Hay un pibe de ellos (hablemos así, con propiedad), que le pega fuerte, pero nuestro Figal, reemplazante del sacrificado Vallés, lo contiene y condiciona seguro. Hoy Zapata corre más que siempre, el Rolfi pinta más adelantado, Penco se vuelve a comer los tarancazos y tres fuera de juego realza las especulaciones en torno a Ceballos. Ni el penal al 9, disimulado y olvidado por la tevé pública, acallará el llanto posterior de loscuadrosdemás.
De un corner vendrá la gran corrida de Pisanito, entre dribling, autopase y lanzamiento, el arquero da rebote que el otro pelado del grupo (el primero es Morel, hoy más férreo y atento que nunca), con esfuerzo mete en el arco, mientras la pelota parece más lenta que nunca.
Gritamos, gritamos desgarrados, con una sonrisa, ya en un corner había agarrado a mi hijo de la mano, como cuando lo llevaba a la plaza. Ese gesto que añoré en mi infancia y que la vida me permitió plasmar, con sus revanchas. Hay olor a revancha en Berazategui. Llueve con más fuerza, Gabriela llega de su yugo y se cuela en el sillón achicándolo todavía más, Saverio quiere llamar a Rodrigo, le pido, le sugiero, le exijo, que se aguante, que no lo haga, que espere hasta el final del partido.
¿Ves que decís cualquiera? ¿Ves que al final me decís que no hay que pensar en el tema de las cábalas y de los mufas y ahora hacés lo contrario?, reclama con razón y yo celebro que se revele contra mis permanentes incoherencias.
Al final, si no mintió, igual me hizo caso, dejó le celular se manducó una torta. La Barker, que también lleva más de doce meses tolerando los ratos de desidia del rojo, reclama más voluntad para que el equipo vaya al ataque. ¿Por qué tarda tanto en sacar? Le recrimina al Ruso, no tolera que se tome su tiempo, finalmente, a pesar de su cuna bostera, ella también tiene paladar negro. Me encanta.
La repetición de la jugada que el comentarista exagera, beneplácito que le asegurará más FPT por lo menos hasta fines del 2015, nos pone mal. La letanía lacrimógena se multiplica, mientras Fredes ya tiró su primer cambio de frente. El talento resistido de la cantera del club (que me perdonen sus detactores, pero, aún con sus cagadas, lo bancaré siempre), reemplazó al Rolfi, curiosamente, más aplaudido que en otras oportunidades, en un estadio que se volverá único, de ahora, también para nosotros, aunque haya sido prestado, por los mal llamados creadores del antifutbol (lo de mal llamados, para los pinchas, es a medias, claro está). El segundo cambio de frente es a la perfección. Pizzini se embarulla como siempre y el arquero no se decide a voltearlo, pensando que pifiará. Mala leche para el guardametas. A cobrar. "Era penal", gritó Gabriela, un minuto después, pero el abrazo de los tres, fue más importante que las rigurosas observaciones.
Amague de lágrimas, desahogo, abrazo eterno, sin dudas porque ya nadie podrá borrarlos, lo exorciza todo. Una delicatessen del Pocho, hubiese alentado por fin la fiesta, pero para alegría de los anti, la pelota pasa cerca del travesaño.
Cataratas de amigos entrañables, históricos y nuevos se me vienen a la mente. Pienso en el dolor de lo vivido con Nicolás, en Cappiello, en la Korse, en la remerita de Cata, en mi abstinente promesa hasta el 11 de junio de 2015, en el propósito de escribir 14 cuentos para mediados de agosto.
Lógicamente no me olvido de los turros del Popu, de los riverplatenses deseosos de vernos más angustiados que ellos, de los de racing, aunque a medias. En realidad, sus fantasmas terminaron abrazándolos en sus gualichos y eso quedó en evidencia. Se me cruzan los bosteros devenidos en hinchas del globo, de Patronato, del Boias.
Veo a Tinelli haciéndose el boludo y metiéndose su Arturo en el orto.
Veo una nota al gato Gaudio y pienso que para un hincha rojo, no hay mejor exponente que él. Cuando todos le ponían fichas a Coria, cual rocker, el gato se coló de prepo y ahora le está rindiendo el mejor homenaje a Vilas, Peugeot y ESPN, mediante. Ese plus que te da ser de Independiente, entiendo, Coria o Del Potro, le habrían hecho un asadito. El Gastón buceó con él, en París.
Hago catarsis, pienso que el otro partido que nos queda es sacarnos de encima a Moyano y a sus satélites barras. Ojalá no haya deja vú. Pienso que la sabiduría de Omar De Felippe: cambiar, corregir los errores, exponer que "siempre me gustaron las difíciles", vuelve a dar el plus para que siga con Milito de cerca, siendo nuestro Ferguson. Pienso en mi abuelo.
Una idea loca se me cuela para entender por qué no me hice bostero como mi viejo y es que, a lo mejor, entendí que en las malas, el tipo arrugó, como buen hincha de Boca. Sólo resuelven cosas o se jactan, cuando están en masa. En cambio, Pascual, en silencio, se la bancó bastante bien solito.
¿Pero esto es un post de ascenso, no es cierto? A quién le importa toda esta guinda.
Salud a todos. Voy al trabajo tocando bocinas entre la tormenta, sorteando el huracán con minúsculas. Llego al diario del barrio de mi equipo, que calla y no por ser hincha del vecino, si no por ¿inoperancia?, quién sabe.
Transitar por la gloria puede ser magnífico, pero sobreponerse al dolor, con la complicidad de tu hijo. No es para cualqueira.
¿los demás? LTA.