miércoles, junio 18, 2014

Brasil 2014 o el verdadero crisol

Una compañera del laburo ensalza las bondades de Mario Balotelli, no por su cuerpo esbelto, ni la desfachatez que se le reconoce por negarse a gritar los goles, o su fama de play boy en formato 2.0.
"Es negro y judío", agrega, realzando, por supuesto, la bandera de su cole.
"La madre lo adoptó de chico porque estaba muy enfermo. Después, de grande en un partido, eligió visitar un campo de Concentración. En realidad, dicen que debería estar jugando para Isdrael", aclara y no puedo dejar de pensar en otra cosa que en la difícil convivencia de Woody Allen con su mamá.
Con Irán, en cambio, abundan los chistes sobre bombardeos y nadie, desde este lado del planeta hace salvedades o siente pudor por lanzarlas (upps).
La historia de los hermanos ghaneses Boateng, uno jugando para su país y el otro para Alemania, también es de película.
La del bosnio Edin Dzeko, no se queda atrás, mientras otro de su país juega para Croacia. Cada cuatro años, quienes amamos el fútbol, el deporte y esa forma inescrupulosa del mundo de los Balcanes, nos acoramos de Yugoslavia, primos hermanos del Este, sacudidos por la Corte Marcial de Europa. Perdón, lo de los fondos buitres, incide y hasta da temor...¿cómo sería la cosa de imponerse una deivisión territorial por estos lares, Córdoba, Rosario, Buenos Aires, la república boquense (siempre se cortan solos) y la Patagonia?
El repaso de Brasil 2014 surge luego de Rusia y Corea, en un encuentro que poco tiene de reunión solemne entre nuevas potencias y mucho de amateurismo en esto de entrar a ser partícipe del jogo bonito. Porque ambos equipos, luego del pobre desempeño, aún con trayectoria reciente y $$, bien merecen ser colocados en el rubro de iniciados.
Mientras nuevamente las chicas se derriten como cada cuatro años por la escuadra azzurra y sus muchachos, las marcas confirman en diferentes planteles, el perfil comercial de las casacas del mundial, bien ajustadas para hacer billetes y crear tendencias casi de pasarela.
Incluso con los vecinos yourguas, aunque el exceso de streching los amatambren demasiado.
Se celebra las nuevas escuelas futboleras, todas multicolores (multiétnicas, para mejor decir), sin importar la flema patriótica, a pesar de los derechosos europeos.
Hay suizos, belgas, rusos, germanos y holandeses, que, como sucede en la última década, podrían confundirse con baluartes de la NBA, aunque entre ellos se cuele colar algún apellido gallego.
Increíble, dentro de la primera ronda fue ver el duelo entre japoneses y marfileños, hormigas hambrientas, versus atletas. Argelinos prolijos bajándole los humos a los belgas, costarricenses dando cátedra de picardía, brasileños ventajeros, pero con el vuelo acotado. Y nosotros, argentinos, llorando un tango del juego exquisito, por el conservadurismo previsor.
Sobran nombres que abren promesas y entusiasman, Lio, Nymar, Oscar, Robben, Van Persie, Ozil, Drogba, etc. El pobre Cristiano, recibió una paliza, sólo tolerable, en relación a la sufrida por Iniesta, Xavi y los pasados de rosca, Ramos y Casillas.
Entre todo esto, el juego de Inglaterra-Italia, entusiasmó por la búsqueda del gol, con diferentes armas, todas nobles. Pirlo, jugó de Román, mientras la delantera de Rooney, emulaba a los desfachatados pibitos de los Spurs.
Entre todo esto, vale decir que el crisol, se ve en las dinámicas y estrategias.
Hay académicos del fútbol que dejaron mucho que desear (Scolari, Tabares y Capello) y otros como Klismann, en EEUU, el de Costa Rica, Jorge Pinto, Van Gaal, Low y Sanpaoli, que invitan a ilusionarse.
Uno quisiera que Mou y Pep, con el Ingeniero y el Tata, se sumaran a esta invitación.
Lo más importante de todo es que cada cuatro años, las reglas del juego relegan los parámetros sociales, políticos, económicos y hasta de clase.
Once tipos creen que su vida depende de estos 270 minutos que les toca en suerte. Después, los más dichosos llegarán al número 7 y otros, según las exigencias de su hogar, celebrarán o lamentarán la vuelta en octavos o cuartos. La copa será una excusa o una razón, depende de nos paremos. La vida futbolera, seguirá rigiendo sobre la nuestra y como un gotero de algún jarabe mágico, los hechos que nos suceden serán relatados en paralelo a nuestro infortunios y placeres con la redonda. Así, para algunos la mejor adolescencia del mundo coincidirá con el 86, para otros, la más trágica con el 78. El amor en serio se gozará hasta en un telo, con "Un'estate italiana", otros recordarán sus años desocupados, con Japón 2002 y así según los casos.
Ahora, tenemos la chance de ver caer y subir paradigmas desde el Maracaná o cualquier otro estadio brasileño. Gocémoslo, porque pasa rápido.