martes, octubre 22, 2013

Otro partido

Mientras Casero arma otra performance del desencanto (el ego no le permite tener un hijo K con una idea que ensombrezca su megalomanía), bueno mientras me sigo enganchando con el relato hegemónico y sabido de la krispación, voy entendiendo que hay otro partido que me lo estoy perdiendo por el falso vértigo de la boludez. Y no es el del rojo, que con cohetes y bengalas continuará desalentándome por esta caja negra heredada con sorpresitas Jack (el destripador), si no otro más cotidiano, cuyas aventuras no necesitan ni títulos catástrofes ni capciosos 140 caracteres, apenas una mención necesaria y oxigenable.
Así, mientras Gabriela trasciende la cocina común y arte su habilidad culinaria en la previa a su día, nos fuimos con Catalina y Saverio a ver Independiente con Crucero del Norte. En verdad convencí primero a uno y luego a la muchacha, para cortar la racha e intentar entusiasmarme entre tanta malaria de hincha descendido.
Debo decir que si algo no se altera con el paso del tiempo, son nuestras conversaciones en tránsito. No sé por qué motivo, acaso los cinturones de seguridad resulten un gran invento para calmar a las fieras y permitan que su imaginario trascienda a celos mundanos, cotidianos. Entonces el peso de la historia heredada y familiar, se vuelve un diálogo inquietante y mientras intercambiamos visiones y recuerdos, asumo que en cada casa existe un "Cien años de soledad" de Gabriel García Márquez. De hecho, en estos días he llegado a pensar que somos sólo eso, un manojo de historias vinculares y familiares, forjándonos una personalidad entre las certezas de lo vivido y la especulación de lo que pudo haber sido, de haber cruzado otros hechos, de haber entendido algo, de, bue, haber sabido.
Y ahí las preguntas de los pibes hacen brillar lo escondido. A Cata, por ejemplo, no tanto la entretiene la tribuna cantando como sí el efecto dominó que se arma en la cancha, frente a cada ataque del equipo local. "¿Viste cómo se paran de golpe todos y se vuelven a sentar al mismo tiempo?", pregunta con asombro. La sonrisa de Save, en cada uno de nuestros goles sellan ese momento mágico y único. Una complicidad que nos llevaremos hacia la tumba. Los tres fuimos testigos de esa comba milagrosa de Pisano al arco y permítanme por un instante creer en divinidades si la física logró hacernos testigos privilegiados en una ubicación de lujo.
Las puteadas a un pobre pelado, el cantito en solitario de un anticanterista, hasta el sorpresivo buen trato de la cana, en un sábado de excepción del que los patoteros parecen haber hecho acto de contrición (imagen de una secuela religiosa que ronda por dentro, a pesar de mis intentos de agnosticismo), en una tarde donde la luna realzará la noble  jornada. Los olores callejeros, la multitud en un paso más amable que, el de siempre, recargado con la angustia de nuestra existencia futbolera devaluada, no desarma el entusiasmo íntimo y compartido de nosotros tres. Los tres ases, con su pizza grasienta, la porción de regalo, el porrón de cerveza negra, el gato que mi hija quiere acariciar, el mozo que sigue ahí y a quien le explico mi mudanza a Bera, para automáticamente recibir la saludable corrección de "el partido de Berazategui", del tipo orgulloso de la coincidencia.
Sarandí queda atrás, pero no el partido, nos divertimos con los avisos de la radio partidaria y sus exageradas pronunciaciones publicitarias "pixxa tom", "empressa esperta en la internet", etc., Después nos enroscamos en un análisis conjunto sobre la personalidad de sus abuelos, el pasado remoto y no tanto de sus respectivos padres, la personalidad de mi tía colifata, la conclusión sabia de Cata respecto de conflictos más cercanos "Entonces nosotros no estamos tan mal", alienta y, desde mi lugar reivindico la generosidad de su madre para asociar su reflexión con la fortuna del devenir que nos toca.
Entre todo esto, hay un par de dibujos por el día de la madre, el de la menor, con corazones y trazos gruesos, el del pibe talento con la explicación de entregar una imagen referida a Tom Sawyer en lugar de una ilustración más acorde a la jornada. "No tiene que ver pero se trata de una nueva técnica que aprendí, la del sombreado. Y quise compartirla, porque para mí es tan importante como vos", asegura el pibe de ojos hipnotizadores. Las lágrimas de Gabriela ratifican que la efectividad del certero ataque al corazón de su crío.
Ahora vendrán las Paso, esas que con o sin motorman lisérgico, salvo un milagro, acompañarán ese partido que vengo perdiendo desde las redes y desde esa extraña y recurrente intolerancia cotidiana, con todas sus formas diversas y berretas metáforas de aquellos que tienen en la punta de la lengua, la palabra yegua. Acostumbrado a ser minoría entre mi ilusión de una mayoría igualitaria (¡pretencioso y agradando el tipo), continuaré sumergiéndome a este hábito de contreras y contestador (lo siento vieja, no me saqué esa tara que traigo de pibe). Igual, como éste partido, habrá otros, más interesantes....el desafío de releer con los chicos Tom Sawyer, los jueguitos de las negras teclas de Cata en busca de nuevas melodías, la próxima receta secreta exclusiva de nuestra familia Buendía, los acordes de otro tema de Nirvana, los almácigos del tomate recién plantado. La proyección de Salvador, el hijo que espera mi hermano y Aldana, etc. etc. Krispados, quiero que sepan, que aún en lo cotidiano, lamento confesarles que tengo otro campeonato ganado. Aún a pesar de sus relatos intolerantes.
Saludos.