domingo, junio 16, 2013

Amigos de paladar negro

En esto de memoria arbitraria, o mejor dicho caprichosa, quiero referirme a mis amigos del rojo. Porque he descubierto algo, si hay algo entre los tipos cercanos, con los que uno comparte los colores, es el hecho de ser buenos tipos. Ojo, no hablo de los que se hacen cargo de las glorias y los logros y después en lo cotidiano son soretes (en Perfil, por ejemplo, conocí a un par de esos). Si no de aquellos que, aún con diferencias ideológicas, de gustos, al momento de coincidir sobre fines nobles, terminamos poniéndonos de acuerdo. Y en ese sentido, en estos días en los que todos miran a Sacheri, yo también pienso en Pigna y su convicción de contar una historia de las antípodas Felixlunescas. Hablando desde algún sueño revolucionario y noble. En León Gieco y su solidaridad eterna. En Calamaro y su dispersión simbólica pero una entereza por la poesía y por el conocimiento del rock nacional, que no se la quita nadie. En Patricia Sosa y su lucha por los tobas. En Palo Pandolfo y su mágica escritura, aún con una entonación sacudona. Pablo Echarri, incluso, resume aquellas cuestiones del barrio que enorgullecen (laburante y no se la cree)
No hablaré de Lucho, ni de Marconi, mucho menos de don Julio, con ellos no nos une una sola degustación.
En cambio, con mis amigos Tito y Esteban Bruzzoni, los Isusi, Cappiello, con Marcela Korse, el propio Mercado, Eduardo Ameal, Julieta Albusier, Carlos Burgueño, Lili Caruso.
A todos les deseo el mejor banquete. No apresuremos el menú, saboreemos este doloroso momento, para remitirnos a los viejos aromas de la infancia, al sabor agridulce que ayudaba a reconocer gustos familiares. No morfemos cualquier cosa por retornar cual voluntad riverplatense. Ya sabemos que los Farías y los Tolos, incluso, no nos representan. Y ayer dimos una lección para entender que el paladar rojo, aún desmemoriado, puede ser genuino.
Y recordemos que en esta degustación, siempre intentamos ser buenos tipos.