jueves, marzo 21, 2013

El déficit de los boludos

"¡Cómo estás con el Papa!", me dice una amiga desde el lugar de nobleza que nos une. Los dos transitamos caminos diversos, de derecha a izquierda, con la fe sostenida, en sincro con la coherencia aprendida de la infancia, de los golpes, también de la universidad, de dolores y alegrías, donde también la paternidad juegan momentos claves.
Después convenimos en que la educación pública, debe ser un camino. Da bronca su desamparo, la indiferencia dirigencial, el persistente descuido. "Cris está medio tonta", afirma a sabiendas de que ambos no somos destituyentes si no todo lo contrario. Y concedo en su percepción. No creo que sea por el mate, ni por razones de fe, pero sabemos que la lucha cotidiana, de quienes silenciosos avalamos el presente político, se nos hace cuesta arriba. Máxime si no somos ni cuadros, ni recibimos dádivas del gobierno, ni elegimos buscar guiños de cercanos, para lograr algún provecho.
"Unos boludos", podrían suponer los krispados que cuando no viajan para el goce narcisista, ven que todo se viene abajo, añorando sus bicicletas demedosianas. Sí, boludos.
Qué loco, desde hace rato pienso en que el aspecto espiritual es el gran déficit nacional y todavía me resisto a idolatrar a nadie de la Santa Iglesia. Fundamentalmente porque nunca me gustaron sus compañías. Entonces, lamento que el abuelo gallego se haya ido demasiado pronto, como para enseñarme algo de su mirada socialista y republicana (seguro, antiperonista) o para contarme por qué llevaba tatuada una virgen con la palabra "amor", si él odiaba a clérigos y rebaños. Me gusta imaginar que lo espiritual confluye en la determinación, por ejemplo de elegir a Susana Trimarco o a Pepe Mujica, como nóbeles de la paz. O acordar que proteger a nuestros pibes, sea una máxima, casi cercana a la divinidad. O valorar a los hermanos vecinos que con sabores, olores, experiencia y tonos suaves, casi tímidos, se suman a la compañía de mis hijos en la formación escolar.
Mucha música para nuestras almas, mucha jerga nueva para enriquecer el lenguaje (lunfardo de nuestro presente). Menos paja visual y más miradas a la naturaleza, más cruce de ojos, que pantallas entubándonos el bocho. Eso es espiritual.