viernes, marzo 15, 2013

Algo más acerca de Bergoglio

Son días en los que abundan las voces optimistas, principalmente esas que refieren al máximo representante de la Iglesia y su posición krispeitor. Por ejemplo, en Berazategui, el recuerdo graffiti a Chávez, fue borrado de un solo trazo, con "Bienvenido Francisco, obreros del vidrio", con un rojo y blanco oscilante que remiten al viejo radicalismo y al nuevo "No sos vos, soy yo" (o ella o vos), léase denarvaismo.
También, la asunción de Bergoglio, afectó notoriamente mi ya complicada relación con el pasado religioso. A esta altura, tranquilizo desde aquí a mis amigos espirituales confiándoles algo: y sí, sin padre, sin la celeridad de las familias patricias e inmigrantes (mi apellido tano es confuso, mi abuela gallega fue negrita y la verdad, creo que mi bisabuela tenía un apellido remotamente argentino como para afectar la flema del barco, pero suficiente para sentirme parte de este terruño), a mis 49, les ratifico mi principal característica: y sí, soy un negrito resentido. Pero no "re" de esos que piensan reloco, si no de los que se resienten con el camino que transita.
Pero no voy a alejarme del bueno de Francisco, me morfé la foto del mal epígrafe, esa de Videla, lo admito. Pero no la voy con esta "renovación eclesiástica" que pregonan los 8N (disfrazados de santurrones). Del mismo modo que no entenderé la orden de silencio de Juan Pablo II a Leonardo Boff (o sí, si recordamos en Sarandí a Maggi, censurándonos una peña que intentaba distribuir el mayor porcentaje de la recaudación a los chicos de la villa), me cuesta creer que el uso del transporte público sea virtud suficiente para perdonarlo todo.
 "Es el cura villero", sostuvo un colega bancándolo a muerte y recalcando después no sé qué cosa acerca de  "si no las prendemos fuego". Qué bárbaro, el fuego siempre subyugó a los creyentes.
El tema es que el hombre, puede ser mejor de lo que uno supone y hoy es utilizado como caballito de batalla en contra de eso que a los facebukianos hoy le gustan predicar "me averguenza mi presidenta", entre un maremagnum de epítetos injuriosos en el que "la yegua" parece un caballito simpático de María Elena Walsh.
Igual, hay que decirlo, el crispado es un servidor, bueno, mejor dicho, el resentido.
El destino quiso que el día del habemus papa argentino, yo renueve mis votos de confianza al rojo y recupere mi carnet. Sí, justo el mismo día. Por algo será. Encima, leo esas crónicas beatificantes de La Nación, donde los periodistas y editores se emocionan simultáneamente antes de titular. "Francisco, el papa que llegó desde el fin del mundo". Con todo respeto, el diario de Mitre, ¿dónde se escribe? ¿en Roma? ¿Wall Street? ¿Madrid, Londres? Ese es el problema del nosotros. "Nosotros", en mi caso, se vuelve cada día más exclusivo. "Nosotros" los que sabemos de inflación, "nosotros" los que vinimos de allá, "nosotros, los que pensamos distinto y con la verdad".
Con tanto Nos inclusivo, brindo (estímulo Calamar, mediante) por la primera persona, esa que es más global que excluyente y que refiere a lo concreto aunque suene universal. La que habla de humanidad, de la indiada, de los desclazados, los descamisados, de grasitas, incomprendidos. De desubicados. Esa que no divide las cosas entre estos y aquellos.
No voy a celebrar a Bergoglio porque no me alcanzan sus mateadas con Michetti, Macri, Cobos, con el padre Grassi o Quarracino. Prefiero la vocesita afeminada de Farinello, que al menos en la comparación me remite al glorioso Manuel Belgrano.
Celebro ser parte del confin, culo o patio trasero del mundo. Desde aquí, vi a un Papa que intenta borrar (o disimular) las huellas del Banco Ambrosiano, pagando su hotel; hacer olvidar cuanto antes el discurso inquisidor de Ratzinger y acabar con el fantasma de los "abusos ecuménicos". A ellos, a ustedes portadores del nos exclusivo y excluyente, que el Señor los proteja. 
Acá, lo que sea es cosa nuestra.Y como resentidos que somos, nos jodemos bien solitos.