viernes, septiembre 28, 2012

Villa cerca 2

Qué raro, pero apenas comienzo a escribir esta segunda parte, se me cruzan, uds., lectores difusos e imaginarios pispeando este blog, buscando algo de tranquilidad, una certeza que indique cual gps, la reducción de la gravedad de estar cerca de este fantasma llamado en tiempos remotos "barrio de emergencia". Y la verdad es que sí, hay una villa cerca de la planta de mi laburo, la descubrí algunos días atrás y corroboré sus características el jueves último. Para desgracia de alguno de los eventuales, accidentales o curiosso lectores, hasta el momento no hubo ningún choreo ni atraco por parte de sus habitantes. Se trató si, de ver cerca de Velez Sarsfield a una bandita de tres pibitos mochila grande a cococha, calzándose los guardapolvos blancos. No superaban los diez años y retornaban al hogar de donde habían salido luego de su jornada escolar.
Qué incómodo puede resultar para los clasemedieros pensar que esos que portan direct tv en sus casas de chapas, comienzan a gozar de la noble y sabia tarea del estudio. "No aguantarán", "abandonarán, serán esclavos de su suerte, recorrerán una ilusión insostenible a futuro". Las especulaciones se suceden como la recurrente malicia de quien no puede aceptar a los distintos.
Y sí, me crucé con un pibe fumando porro y escuchando su mp3, otros tantos con esas reglas T que aluden a otros tiempos más ochentosos de industrial, claro sin la condición biodegradable de los medios que hoy magnifican el pasado cheto, mérito a Graduados, pero que ignoran aspectos más bravos como sobrevivir a las secuelas autoritarias de los 70, la merca a flor de piel, la soberbia de los billetes (bueno igual siguió en los 90 y hasta hoy). Melancólicos sí, ¿añoradores del todo? ni en pedo.
Vi en el barrio barraquense, mucha gente comiendo en banquitos improvisando un espacio reservado para el menú eventual del mediodía. Mucha ferretería, mucha gendarmería, los ángeles anaranjados para esporádicos visitanets y extraños  de la zona.
También pensé en lo distinto que son los barrios porteños, qué diferencia notoria entre esos invadidos de extranjeros curtidos por la Lonely Planet y estos espacios más nimios, más nuestros.
Vi villeros y me jode usar esta mención escogida por el sistema para referirse a los habitantes de nuestras ciudades de miseria. Entonces proyecté una pelea imaginaria entre caceroleros chetos y uno, con fotógrafo de batalla, gritándoles algunas frases que invitase a los krispados a reaccionar. Ni a favor de los K, ni elogiando a Cristina, con un simple "poco solidarios" o "egoístas", debe alcanzar. Claro que la muchachada estará más pendiente de las luces rojas de movileros hambrientos. Qué puede importar gente que pide, si la miseria no es una condición porteña, más bien una intrusión de sujetos ajenos a la esencia de la gran urbe nacional.
Y ahí se van los tres pibitos sin nombre, a su casita de lengua aborigen a balbucear las enseñanzas del hombre de voz de pito, pero mentalidad libertaria inigualable. Los guardapolvitos hechos bollos, los libros desgajados y esa idea de patria que con tanto argentino desconfiando, se hace difícil incorporar.