miércoles, octubre 06, 2010

Un pibe más

Josué me saluda con el mismo entusiasmo de aquel que celebra encontrarse por que sí en la calle con un desconocido. Devuelvo el gesto y le aviso del partido de mañana. El chico no muy agraciado en los mandatos fachos del deporte, siempre objeto de mis palabras alentadoras, cuando no pienso en mi hijo. No sé por qué pero pienso que a ningún colega le puede interesar la vida de Josué. Qué tiene de valioso la vida de un pibe del conurbano, sin talento, sin virtudes, uno más entre tantos anónimos. Descubro como hace algunos días, que el periodismo me quitó en la universidad, el sentido humanista que había aprendido por años del catolicismo. También asumo que a ningún católico hoy le importaría en lo más mínimo las desventuras del gordito. Es más, hoy veo como la religión vuelve a ser tentada por las bondades del estado benefactor y esa sincronía, me refiere inevitablemente a los años mozos europeos de la fe poderosa e inquisidora.

Divagues de un accidente callejero, como es descubrir a un semi extraño, a la salida del colegio, ratificando con su gesto, que está vivo, que no deje de gritarle “vamos Josué, que vos podés”, que aún en el anonimato, los días tienen sentido.