viernes, abril 06, 2012

Desgracia temporal y tormenta de ideas

Los quinientos árboles y las primeras 14 víctimas del ¿tornado? de el último miércoles me lleva pensar algunas cosas. Sobretodo, luego de atravesar por qué no decirlo "milagrosamente", con la fortuna de manejar la situación entre inundaciones, desechos de chapas y troncos a medio camino de acostarse en cualquier calle cualquiera, tras este extraño temporal que le ganó de mano a los aprovechados y potenciales turistas del fin de semana largo. Entre tanto bocinazo y ansiedad callejera, me duele pensar cómo la comodidad del conductor, hace pensar por un rato en el despojo del peatón frente a semejante desgracia. El apuro hace olvidar a decenas de arbustos sacudidos por el viento, indispensable para airear tanta ciudad ahogada en sus caprichos y dar sombra y protección a los que gustan callejear. Ahora ahí, lejos están nuestros árboles de morir de pie.
Al llegar, mi hija lamenta perderse sus telenovelas por la falta de luz y yo imagino un corte preventivo para evitar que la desgracia sea mayor. Me equivoco, el número de muertos al día siguiente ratifica que la cosa estuvo más que jodida. "Pensé que eran mil", desafía la muchacha, estimulándome a llamarla pendeja, en tales circunstancias. Pero no, le nombro a sus amigas y vecinos en esa potencial lista de 14 fallecidos y ahí, comprende que los números siempre pueden ser insignificante, según a quién remite tal pérdida.
Me vuelvo místico con cada falta de respuesta y el correr de los días/años y descifro la tempestad como un mensaje. Mensaje que se ratifica con las largas jornadas posteriores sin luz, agua, teléfono, celular, internet y blablaes varios. Al día siguiente del cambio climatológico que los colegas tremembundos y antikakianos suelen anticiparnos (no sea cosa que tengamos buen tiempo en tiempos que no deben ser gratos, según ellos), siguen los bocinazos en mi viaje relámpago (perdón la expresión, tentadora obviedad) y la ansiedad. Converso del tema con mi compañera y la conclusión compartida es más o menos, un fatídico 2012, merecido para la humanidad. Por cabezones, por necios, egocénticos y por soretes.
 Algo debemos aprender de lo que nos intenta decir la naturaleza?? Digo, no? Mientras tanto, uno celebra el retorno de la luz. Después mirará el partido, puteará los cantantes mediáticos y continuará el sueño, hasta la próxima tormenta. Si no cambiamos, más natural, que de ideas....acaso aprender un poco del devenir. Ah, con menos árboles en la cuadra, lamentablemente.