sábado, abril 10, 2010

Lila nos embrujó

Y sí la muchacha mejicana no nos dio tregua, apenas pisó el escenario del Gran Rex, sacudió al dios del grave que intentaba vanamente afectar el show y con una danza sensual, intensa y aguerrida, se cargó encima a todos los males para dejarlos a su merced. Durante una hora y media, la morocha fue iguana, bailarina de la noche, una nena juguetona, revolucionaria y conmovedora. Su voz humilló a varios de los/las artistas presentes y la calidad y hondura de sus movimientos, sirvieron para proyectar al peor de los malvados del planeta sucumbiendo a sus pies. Me rindo, como agradecerte tanta magia, tanta garra, tanto susurro seco, tanto agudo instintivo, tanta sugestión y piel. Lila, no te vayas, quedate un poco más. O por lo menos, promete un pronto regreso. Te lo pide un pobre mortal que poco o nada sabe del arte de controlar a los demonios y espíritus encantadores.