miércoles, abril 07, 2010

El brindis

El sábado pasado fuimos a celebrar el cumpleaños de una vecina, Séptima, festejaba sus 90. Medio por compromiso y otro tanto para llevar a la abuela de 92, asistimos con Gabriela al evento. Mucha familia de la homenajeada, inesperado menú (pizza), una cantante romántica que confundió a la audiencia, un tanguero que la tranquilizó (sus milongas fachas, sin embargo, nos pusieron bastante nerviosos) y la ceremonia que siguió con el consabido album-clip familiar (que en una persona mayor, por lo vivido, parece tener más sentido).
Hubo un momento, sin embargo, curioso, extraño.Un hijo de la homenajeada que siempre en el barrio me confunde con mi viejo, se acerca y me dice: "Aunque te llames Damián (sic, no era el efecto del alcohol, si no la negativa del tipo por reconocerme), para mí seguirás siendo siempre Rubencito (mi padre, claro). El fue mi guía y era un buen tipo. Brindemos por Rubén". Y ahí estaba yo, levantando mi copa por quien con su conocimiento me aseguraba, me convencía del buen honor del hombre en cuestión. Pensé que hablaba con fundamento, aunque no tuve la suerte de conocer a mi viejo tanto como él. También me dije que en 46 años, era la primera vez que alguien en mi mesa, alzaba la copa para homenajear a mi padre.Salud.